Esta entrada se ha terminado de escribir a las 20.35 del sábado 8 de marzo. La rabia y la indignación hacen que me cueste callarme. Sin embargo, por respeto a la jornada de reflexión, no se publicará hasta después de cerrarse los colegios electorales.
Hoy sobran motivos para gritar. O para indignarse en silencio, mordiéndose la lengua y tragándose la rabia.
La infame alianza de gobierno de Ezker Batua / Izquierda Unida, de Madrazo y Llamazares y todos los que los secundan, con los asesinos de Isaías Carrasco. Y que encima ahora haya que congratularse de que decidan retirarles su apoyo, como si ANV acabase de revelar lo que es. Como si antes no lo supiéramos. La desvergüenza de quienes ahora se muestran duros y firmes, después de haberles dado sus votos a estos asesinos.
Pie de foto.- En cambio, ser socios de gobierno de los terroristas no afecta en nada a la salud democrática
La alcadesa, cuyo mismo nombre parece una cruel paradoja o una burla despiadada: Inocencia, se llama. Y sus esbirros. Que ella sea alcaldesa y ellos concejales y que entre todos estemos pagándoles, financiando la muerte. Que se tomen unos días libres aprovechando la situación o para quitarse de en medio después de negarse a condenar el atentado (aunque más vomitivo aún habría sido presenciar el espectáculo de que encima andasen condenando hipócritamente el asesinato). Que intentasen poner obstáculos a la instalación de la capilla ardiente en el ayuntamiento. Que la tal Inocencia hubiese pertenecido con anterioridad a Batasuna y aun así esa lista no se impugnase. La indignidad y la indignación.
El editorial cínico e hipócrita hasta dar náuseas de El País, que además de meter cizaña en jornada de reflexión (¿les suena?) parece decidido a reescribir la historia de lo que ocurrió hace cuatro años, inviertiendo los términos y olvidando el terrorista suicida de su propio grupo y los “pásalo” y los ataques a sedes del Partido Popular, los gritos de “asesino” a Aznar y el “merecemos un gobierno que no nos mienta” de Rubalcaba.
COMO CUATRO años atrás, la cita con las urnas llega manchada de sangre por la acción vil del terrorismo, esta vez ejecutada por la mano de un cobarde pistolero de ETA. Como cuatro años atrás, los ciudadanos llegan a la jornada de reflexión acongojados por la sinrazón de la violencia (…)
Sin embargo, como si de una maldición se tratara, al dolor del asesinato del ex concejal socialista Isaías Carrasco se unió anoche, una vez más, para estupefacción y rabia de muchos ciudadanos, la incapacidad de ciertos políticos para estar a la altura de las circunstancias. Como en 2004, el PP vio en el atentado la posibilidad de desgastar al rival y obtener réditos electorales.
Al margen de los niveles de cinismo alcanzados por El País, es cierto que la insistencia del Partido Popular en defender sus posiciones en mitad de lo ocurrido y a dos días de las elecciones resulta como mínimo poco elegante. En realidad, me parece francamente mal. No por el PSOE ni por el gobierno ni porque no tengan razón en este punto en concreto, sino por la familia de la víctima. Y es una actitud muy reprobable, digo, aun a pesar de que una parte de la responsabilidad de ese desmarque la tienen también los defensores del “cordón sanitario”, porque las propuestas del PP –la retirada de la autorización para negociar y la insistencia en que no habrá diálogo político– no parecen precisamente barbaridades. De hecho, el propio PSOE parece (ahora, claro) estar de acuerdo con el espíritu de las mismas: ¿por qué, entonces, se niega a renunciar a ese permiso? ¿Quién intenta arrinconar a quién? En el transcurso de estos cuatro años, ¿quiénes son los que han cambiado de postura en este asunto al albur de las circunstancias?
En fin, me voy por las ramas. Lo que quería decir era otra cosa: me parecen mal o muy mal determinadas actitudes del PP, y creo que como todos ha intentado desde el primer momento barrer para casa [recordemos que el PSOE intentó colar un "vota con todas tus fuerzas" disimulado en el comunicado conjunto de los grupos políticos, y reconozcamos también que las llamadas insistentes a una alta participación no son --no pueden ser-- inocentes]… Y sin embargo, qué quieren que les diga: hay reproches que se me hacen pequeños ante otras ofensas de mayor calado y trascendencia.
Ante la vergüenza ajena y el asco que me provocan quienes se prestan a ser socios de gobierno de los asesinos, como ha hecho Izquierda Unida –y no sólo en Mondragón–.
Ante la rabia de saber que tal vez hayamos pagado entre todos esas cinco balas, porque ETA está sentada en las instituciones: sin entrar a valorar intenciones (no soy de las que piensa que el PSOE tenga planes maquiávelicos, pero no hay que ser mala persona para ser un inútil como gobernante), el inmenso error de no haber instado a la ilegalización de ANV en su momento no es precisamente cuestión menor.
Y ante la desvergüenza de un periódico que, ahora sí, ha terminado ya definitivamente de perder cualquier atisbo de credibilidad y de dignidad: para reescribir la Historia ya tenemos a Pío Moa, señores. Ya está bien de tomarnos por imbéciles.
Cabe una última reflexión que, al margen de la indignación, sólo deja un poso de tristeza. Si todos estos son los que por naturaleza deberían ser “los propios”, una se pregunta forzosamente si tendría que renegar de su naturaleza: hay cosas por las que una servidora no puede pasar ni aun tapándose la nariz.
Este país necesita una izquierda digna y votable: alejada del sectarismo de buenos y malos, con la mirada proyectada hacia el futuro y no hacia el pasado, respetuosa con la libertad individual, con sentido de Estado y capaz de dedicarse a algo más que el onanismo ideológico, la autocompasión y la queja amarga. La necesita este país y la necesitamos muchas personas de tendencia socialdemócrata (más o menos marcada), las que aún nos negamos a votar con las vísceras y el instinto y consideramos preferible hacerlo con la cabeza.
¿Es tanto pedir?
[Por cierto: nada de esto es nuevo (aunque en el caso concreto de El País, se superan por momentos). Todo esto era perfectamente visible para quien quisiera verlo, y observaciones en la misma línea, aunque ciertamente en un tono ligeramente más sosegado, llevan mucho tiempo apareciendo en este blog. Quede ello anotado en
previsión de futuras tonterías que haya que oír.]
Aclaro: la única responsable del asesinato del viernes es la banda terrorista ETA. Mis críticas a la política del partido socialista en el gobierno y a la presencia de ANV en las instituciones no implican que esté dispuesta a aceptar ninguna insinuación de lo contrario. Me parece inadmisible, ruin y políticamente abominable cualquier pretensión de atribuir esta muerte –o cualquier otra– al PSOE o a sus votantes (como inadmisible, ruin y abominable era gritarle “asesino” a José María Aznar tras el 11-M).

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