Hasta la bandera

No le perdono a la derecha que se haya adueñado de la idea de España, ni a la izquierda que se lo haya permitido.

Arturo Pérez-Reverte

Ante tanta guerra de banderas, una no puede dejar de preguntarse cuánto tiene realmente de artificial el debate –por más que Zapatero diga que lo es– y cuánto hay de verdades de fondo en lo que dicen unos y otros. Y de verdades a medias, claro. Y de mentiras descaradas.
Para alguien a quien las banderas no le importan demasiado, este tema parece sacado de quicio y de entrada habría que darles la razón a quienes dicen que todo esto es un invento del PP para arremeter contra el gobierno. Una excusa más. Pero ocurre que la reflexión pausada y sin prejuicios lleva a la mente por otros derroteros.
Dejando aparte la afición de cada cual a las banderas, agradecería que alguien me explicase por qué el gobierno de todos los españoles se resigna a dejar que no se cumplan las leyes (me refiero, claro está, a aquella maravillosa intervención de Bermejo) que exigen que la bandera nacional ondee con el resto en todos los ayuntamientos. Se pregunta una también por qué no se ven nunca banderas españolas en manifestaciones izquierdosas, mientras que es de lo más frecuente verlas de la Cuba dictatorial, de la ya extinta URSS –también muy democrática, como todos sabemos– o de aquel régimen que se implantó en el solar patrio y que, buenas voluntades aparte, tuvo el dudoso buen gusto de ser patrimonializado por los primeros que en él ocuparon el poder –de algunos de los cuales, por cierto, también cabría dudar en lo que respectaba a su talante democrático–. Si es tan habitual que se porten todas estas enseñas en actos reivindicativos, determinada izquierda tendrá que dejar de alegar que es que no le gusta todo lo que implican las banderas. Habrá que pensar que lo que no le gusta es lo que implica la bandera española.
Y entonces volvemos a lo de siempre. El argumento peregrino de que es que “esa es la bandera de Franco” descalifica de entrada a quien lo usa, porque semejante incapacidad de abstracción –sí, son los mismos colores: ¿y qué?– ante lo que no es más que un trozo de tela no dice demasiado en favor de nadie. Connotaciones sentimentales aparte –que las hay y son todo lo legítimas que es cualquier sentimiento, pero que no deberían estar en la base de actitudes políticas–, lo cierto es que la bandera constitucional representa al país y al conjunto de sus ciudadanos. Que optemos por no llevarla me parece muy respetable: de hecho, a mí difícilmente se me verá con una, porque no soy de las que andan reivindicando lo obvio. Salvo que un día me canse, claro. O que un día lo obvio deje de parecer tan obvio, como parece que ocurre en determinados círculos. Porque igual de respetable debería ser la opción de portar la bandera nacional; desde luego, lo que no se entiende es que en sí misma la enseña constituya un síntoma de ultraderechismo o de quién sabe qué terribles dolencias psíquicas, siempre según la misma gente que opina que son maravillosas algunas de las otras telas de colores ya mencionadas, a las que cabría sumar las ya cansinas senyera e ikurrina. (Nótese que mantengo la grafía de los idiomas respectivos, no vaya a ser que me acusen de fascista intransigente.)
La derecha se ha adueñado de la bandera, se dice. No deja de ser cierto, como lo es que Rajoy y sus compañeros de partido están aprovechando el tema para tener un reproche más que hacerle al gobierno. Pero he dicho que están aprovechando el tema, no que lo estén creando. Porque si es cierto lo anterior, no lo es menos que cierta izquierda parece tenerle alergia a la palabra España y a sus símbolos constitucionales, y que a juzgar no ya por la existencia o no de grandes gestos patrióticos (que son lo de menos), sino directamente por algunas de sus políticas concretas, el Partido Socialista Obrero Español quizá sea de todo menos Español (también es de risa aquello de que es Socialista y Obrero, pero bueno). O que al menos esto cabe opinar de quienes ahora mismo lo representan (sí, dicho sea de paso: creo que hay otro PSOE; lo que no sé es dónde está escondido). ¿Hasta qué punto es lícito quejarse de que la derecha ha patrimonializado los símbolos nacionales, si la izquierda los ha despreciado?
Lo malo es que la cosa no se queda en los símbolos. Los símbolos, al fin y al cabo, son lo de menos. Y conste –tal como andan las cosas, hay que dejar estas cosas claras– que cuando hablo de España no me refiero a ese ente trascendental que una gran parte de la derecha identifica con el nombre (como una gran parte de la izquierda identifica otras banderas con otras nociones trascendentales: no tiene más sentido una cosa que la otra, ni es menos dañina). Cuando hablo de España me refiero a la nación de ciudadanos. Aquel invento de la Revolución Francesa. Aquello que en un pasado ni siquiera tan lejano era tan de izquierdas.
Qué tiempos aquellos.

5 Responses to “Hasta la bandera”


  1. 1 Øttinger 14 octubre 2007 a las 11:17

    En parte esta fictica confrontación e identificación de los fachas y los rojos (con estas identificaciones tan sencillas que se producen en nuestro días uno se pregunta por la necesidad de la memoria histórica) favorece a un posicionamiento pretendidamente ideológico que tiene su repercusión electoral (ya sé que parece que todo lo termino orientando al tema electoral, pero qué quieres, estamos de elecciones). Sin embargo, y aunque ahora puede que se esté aplicando esta cuestión a la precamapaña, la cosa viene de antes, de mucho antes. De la necesidad de ruptura del PSOE con el pasado franquista de España y la recuperación de un cierto republicanismo (un tanto ficticio también). Por estas dos cosas no sólo ha permitido que la derecha secuestre los símbolos, sino que ha favorecido “la vergüemza ajena” entre aquellos que no deseen ser calificados de fachas por llevar uno de los símbolos nacionales. Es decir, se señala al contrario como algo negativo. Y esto tiene porque decir necesariamente que el PSOE no se considere español o no sientea orgullo de serlo. Puede que sólo sea otra visión o una estrategia más. Lo que está claro es que el tema de la bandera y los partidos ocurre en España y en pocos sitios más. Cosa que ni tiene que ser buena ni mala (siempre caminando en el filo). En medio de la recuperación de la nación y la magnificación patria que viven otros países, en España se continua con debates de hace siglos. Y eso tiene que notarse, imposible dismularse, en este tipo de cuestiones. En Francia nadie duda de la nación francesa, y por eso tanto la derecha como la (mayoría) de la izquierda acuden a sus actos de partido cargados de su tricolor. En EEUU lo mismo. Alemania igual… Pero, insisto, en España se habla de otras cosas. Por eso, en lugar de tratar temas como la recuperación del modelo republicano francés como en el caso de Sarkozy o de la unidad alemana como en el caso de Merkel, para afrontar después las urgencias de los ciudadanos, se habla sólo de la formulación de una nación para no hablar de nada más.

  2. 2 Sursum corda! 15 octubre 2007 a las 15:54

    En mi opinión hay dos cosas lamentables:1. La necesidad de Zapatero de conseguir votos para ser mayoritario. En el parlamento necesita los votos de los partidos nacionalistas y de IU, que abominan de la bandera rojigualda por responder a una nación que desean destruir o a una forma de nación que desean destruir. en las elecciones necesita presentarse como voto útil para los que piensen así. De hecho el PSOE de Zapatero se merendó a media IU en las elecciones del 2004, captó voto abstencionista de ultraizaquierda o voto nacionalista que en las nacionales pudo creer que Zapatero era mejor que el PP2. Una visión sectaria de la nación. Las bandera son nacionales porque significan la nación, no a un grupo. Así los franceses crearon su bandera para sustituir la de color blanco de los borbones, lo mismo que en España se hizo por el simple motivo de que la blanca de los borbones se confundía en el mar con la francesa o la del reino e Nápoles.LO malo es cuando los republicanos pretendieron crear una bandera contrapuesta a la anterior, rojigualda, que atribuían a la monarquía y no a la nación, y la impusieron en el 31.Y hoy estamos en los debates sin sentido de si tú más o él más.Yo reivindico la nación en el sentido en que vivo cerca de Bilbao, pero los sevillanos son tan compatriotas míos como los de Vitoria. Y espero que los sevillanos sientan con respecto a mí lo mismo. España somos los españoles y lo único importante es la unión para poder salir adelante en un mundo que se complica cada día más.

  3. 3 Jose 15 octubre 2007 a las 18:15

    El espectro izquierda-derecha efectivamente nació en laRevolución Francesa, a la izquierda se sentaron los revolucionarios que estaban a favor de reemplazar la monarquía por un sistema politico fundamentalmente diferente. A la derecha los conservadores que querian mantener la monarquía. En el centro aquellos que intentaban alcanzar algun tipo de acuerdo entre ambas opiniones. De ahi los defensores del cambio político empezaron a recibir la denominación “izquierda”.Asi que en su origen la izquierda era antimonárquica y albergaba un cambio. La transición española fue una transición de centro, ya que se quiso albergar una postura intermedia entre la izquierda-republicana y la derecha-fascista-monarquica (entendiendo en este caso monarquia como monarquia absoluta). Es normal y lógico que la izquierda siempre intente virar a la izquierda. ¿Qué pasa? Que el PSOE, partido socialista de izquierda en el papel, tiene que dar guiños y coletazos para seguir siendo de izquierda, y este coletazo es desdecir y malquerer a los emblemas nacionales (usados hasta la extenuación por la dictadura como exaltacion de la misma). Lo que pasa que los jovenzanos de hoy en día creen que tenemos democracia desde que Isabel II se fue cagando leches, y no queridos, venimos de una dictadura que utilizó esos emblemas como obligación, que nos hizo un daño terrible a eso de “sentirse español”.Yo no me siento español ni al revés.. Es decir, no se que es eso de sentirse de una nación. Este es mi pais y me une a la gente un idioma y una vivencia socio-politica parecida. pero sin embargo si he de decir que me he sentido más extranjero en Sevilla , que en Bayona. Pero mucho más, oiga. Evidentemente la derecha defiende esos simbolos (monarquia, bandera, etcetera) sobre todo ahora mismo par aintentar restar puntos a sus contrarios sin darse cuenta que resta puntos tambien entre su gente que no quiere “volver” al pasado de la derecha, que es Franco, por mucho que intenten negarlo.Y la izquierda no quiere hacer concesiones a esos simbolos por lo mismo…Es tan simple y tan complicado como eso.Sin embargo algunos parecen olvidar que la censura ms terrible a los antimonárquicos se ha dado con el PSOE en el poder, que la letra del himno siempre se ha buscado y planteado con el PSOE en el poder y no con el PP. Ainsss, la verdad es uqe la utilizacion parcial de la verdad hace más daño que cualquier otra cosa. (Y los videos de Rajoy tambien hacen daño, aunque sea estetico)

  4. 4 my blue eye 16 octubre 2007 a las 16:26

    Ay, la revolución. La Llanura (el “centro”) era reformista, como la Montaña (los “jacobinos” o “montañeses”). Y, supuestamente, todos ellos eran entonces “de izquierda”, aun antes de que se supiera qué quería decir esto (creo que ni aún lo sabemos). Pero el problema surgió luego, más adelante: en la revolución todo fue cambio, con lo que el momento posterior a la revolución consistió en qué había que hacer con esos cambios, cómo se estabilizaba de nuevo la sociedad, cómo se recomponía la legalidad, etc. ¿Qué es la derecha? ¿Es Benjamin Constant, partidario de las libertades del individuo en un sistema de monarquía parlamentaria? ¿De Maistre, Maurrás, partidarios de una contra-revolución que aniquile todas las conquistas revolucionarias? Es evidente que en eso que llamamos derecha nos encontramos con elementos contradictorios, que no casan; y lo mismo sucede en la izquierda.El diagnóstico de Irene me parece acertado, poco puedo añadir a ello. La “izquierda” debe abrazar la conquista de la democracia, nuestra Constitución, que es el fundamento de nuestra convivencia pacífica. Pero esta “izquierda” que se hace pajas mientras se imagina acudiendo a una nueva barricada, luciendo estrellas, hoces, martillos en las gorras, quemando banderas y fotos como símbolo de una libertad en la que en realidad no deben de creer (porque si no, hablarían y lo dirían en vez de sublimarla quemándola) no tiene mucho de lo que enorgullecerse y más bien debiera dejar de mirarse el ombligo, el mismo ombligo que se mira Rajoy cuando, impotente, dice la palabra mágica “España”. A esto me parece que se refiere Irene: a ese núcleo de la convivencia entre los españoles, que nos empeñamos una y otra vez en poner al borde del abismo; que, de hecho, la “izquierda” que tanto hizo en favor de la democracia española, porque hizo mucho, se avergüenza luego al defender.En fin, no creo que se pueda sentir orgullo por ser de un sitio y no de otro. En último término, uno puede sentirse más hermano de un cubano que de uno de Cuenca (es bonito viajar), pero convive con el de Cuenca al fin y al cabo. Pero sí se puede uno sentir orgulloso de haber conquistado la libertad de hablar y de preferir la convivencia a la matanza.

  5. 5 booMer 16 octubre 2007 a las 21:29

    Te acordarás de que el otro día te decía que al volver de Valencia, me compré una senyera (señera, coño :P), como recuerdo de mi estancia allí, pero resulta que al llegar aquí la enterré en un cajón. Pensé que si no era capaz de ponerme una bandera de Andalucía, que es de lo que formo parte, aunque sea más un constructo que otra cosa, y sobre todo, de España, que no es definitivamente una construcción (aunque muchos se empeñen en que sí lo es…)(entendiendo construcción como ficcionalidad, no como lo contrario de “entidad que surge de forma natural”, como si hubiéramos surgido de la nada), decía, que si no era capaz de poner una de España, no quería poner ninguna. Y llevo algunos meses batallando conmigo misma en esa línea, porque realmente a mí también me gustaba el toro al borde las carreteras, y me inflo de alegría y nerviosismo cuando veo a Rafa Nadal, o los de la ÑBA (a Alonso no, me cae mal xD)… En realidad estoy con Jse y Lucía (supongo que tú tb, Irene), no sé lo que es pertenecer a un sitio ni me siento orgullosa de haber nacido aquí porque no es algo que elegí; siempre he creído que debemos sentirnos orgullosos de nuestros logros, no de un dato fruto del azar. Pero me gusta la cultura en que vivo, y hay cosas que detesto y obviamente intentaré cambiar, pero porque tengo un apego a este patria… Entendiendo patria como la definió Aristaráin, en boca de Luppi: “La patria es un invento. Tu patria son tus amigos…”.En definitiva, que un día de estos me ves con un pin de la bandera de España en el bolso😛


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