Democracia virtual

Regreso al fin. Y lo hago cumpliendo con el deber patrio de confirmarles a ustedes lo que todos sospechábamos: el avance de las nuevas tecnologías es ya imparable (sí, como Andalucía, donde hemos perdido la cuenta ya de por qué modernización vamos). En efecto, rudimentarias se antojan ya las antaño novedosas tácticas de convocatorias multitudinarias vía SMS, e incluso los entrañables vídeos de los sectores juveniles (tan dinámicos, ya se sabe) de algunos partidos desprenden olor a naftalina ante lo que se nos viene encima. Los ilusos que quisimos mantener contra viento y marea la esperanza de que todo fuese una moda pasajera no podemos ya sino rendirnos a la evidencia: la innovación se ha puesto definitivamente al servicio de la política. Debería ser al revés, pensarán ustedes. Ya. Como tantas cosas.
No hace mucho que algunos asistíamos atónitos a la ofensiva multimedia de los socialistas, que durante unas semanas parecieron dispuestos a practicar un bombardeo de saturación a base de vídeos, a cual más repleto de brillantes ideas y de profundas reflexionez. No quedó ahí la cosa –que seguramente tampoco había empezado ahí–, y a día de hoy las plataformas tecnológicas de los candidatos han ido cobrando cuerpo. El PP, ni corto ni perezoso, no ha querido quedarse atrás. Incluso Llamazares se nos aparece en algún que otro rincón de la red, aunque –eso sí– siempre de forma algo más original. Siempre más cercano a la calle, diríase.
Dios –o cualquier otro alto poder, en su defecto– me libre de oponerme a los avances y andar preconizando las virtudes del atraso y el terruño, que para eso ya están otros. Pero a nadie se le oculta que la tecnología, como todo, puede utilizarse en defensa de cualquier idea. Desde la más valiosa hasta la más deleznable. Por poder, puede incluso utilizarse en defensa de la nada. Que Internet esté hoy al alcance de cualquiera es, en potencia, un arma al servicio de la sociedad civil. Pero sucede que existe una condición sine qua non para el desarrollo pleno –o incluso parcial– de ese potencial. Exacto, lo adivinaron: la existencia de tal sociedad civil.
No es el caso, evidentemente, de modo que tanto progreso cibernético ha terminado inevitablemente por convertirse en arma predilecta de los partidos. Al fin y al cabo, llega a todo el mundo y –lo que es más– presenta una ventaja nada despreciable: la capacidad de provocar la —democratiquísima— ilusión de que existe una interacción entre la persona de a pie y el partido o candidato, al tiempo que mantiene y promueve la más absoluta pasividad por parte del ciudadano. Lo tiene todo, pues. Y visto lo visto, la tecnología va a estar supeditada al mismo fin al que lo está ya desde hace tiempo la enseñanza: la propagación sistemática de la estupidez y la vacuidad. Ningún otro nombre cabe dar a la estulticia y puerilidad que nos trasmiten los candidatos desde sus páginas oficiales.
Lo de Llamazares, al fin y al cabo, es residual, y dada su nula relevancia en el panorama político puede permitirse –él y nosotros– mayor cantidad –y calidad– de papanatadas que el resto, sin que a los ciudadanos vaya a afectarnos demasiado. Además, está haciendo amigos, que falta que le hace: ya lleva 938, dice MySpace.
Más preocupantes resultan las páginas de Rajoy y Zapatero. Desde el PP se ve que no han sabido –o no han querido, o no se les ha ocurrido siquiera– optimizar la página para exploradores distintos de Internet Explorer. Ay, Marianico, Marianico, que llegas con retraso y aún se te nota: incluso ese diseño pretendidamente moderno pero excesivamente recargado te delata. Para compensar, el candidato nos otorga el privilegio de entrar en su despacho y comprobar con sorpresa que nuestro hombre en Génova es fan de los Beatles, The Police y –atención– Nacha Pop, que le gustan Garci y Amenábar y que entre otras cosas lee, o quiere que creamos que lee, La Democracia en América. Esto último podría salvarlo, si no fuera porque todo en la página lo desmiente. No en vano, el candidato del Partido Popular nos cuenta que él es mucho más campechano de lo que la gente se cree. Igualitarismo a la baja, al fin y al cabo.
Tampoco tiene precio José Luis, cuyo afán por acercarse al votante lo lleva a grados equiparables de ridículo. En una sección titulada Sus gestos, el Presi viene a contarnos lo mucho que quiere a sus fans y cuánto le emocionan los aplausos (el calor de la gente, lo llama él), vuelve a asegurarnos contra toda evidencia que todo se puede decir con una sonrisa y hasta nos obsequia con una foto de sus pies (?). Estos, los de la mirada positiva, sí han creado una página que se puede visualizar con exploradores alternativos (por lo menos con Firefox). Los errores aquí son de otro tipo, y estriban fundamentalmente en la imprudencia de volver a contarnos cosas que ya en su día provocaron reacciones de justa indignación o incredulidad. Sí, ya se sabe: que hablen de ti, aunque sea bien. Pero qué desazón provoca que la política se haya convertido en eso, y que un presidente con la trayectoria de Zapatero pueda seguir permitiéndose el fallo garrafal de acompañar su imagen de un pie de foto en el que nos despeja las dudas: No me canso de negociar, dice. Lo más grave es que resulta difícilmente creíble que pueda deberse a un error de cálculo. En efecto, lo verdaderamente descorazonador es pensar que detrás de esa foto está la convicción de que a semejante filosofía puede sacársele rédito. Electoral.
Alta política. Bienvenidos a España.

4 Responses to “Democracia virtual”


  1. 1 snipfer 20 diciembre 2007 a las 19:57

    Si al menos hubiese escrito algún breve texto sobre lo que le parece la opera magna de Alexis, quizás entonces hubiese colado. Pero poniéndolo junto a La catedral del Mar pierde toda la poca credibilidad que podría tener. Es como poner Lateralus junto a un disco de David Bisbal.¿Rajoy tiene un MacBook? Me gustaría comprobar eso.

  2. 2 Berlin Smith 20 diciembre 2007 a las 20:06

    “profundas reflexionez”Anoto esto para las antologías.Le participo que ya me he limpiado la baba. Y que estoy conmovido por lo incansable que es negociando el héroe de cómic.No se preocupe, lo de los políticos y la informática es como lo de los ejecutivos de telefónica y la red. Tienen los medios para hacerlo todo a golpe de chequera, pero siguen sin entender nada.Hala, a seguir puteando contra el cánon, que nos van a oir.BShttp://nocheconfusas.blogspot.com(la autocita es una venganza contra google, que me obliga a emplear identidades que no quiero y no me deja, como antes, que mi nombre quede enlazado propiamente. Y creo yo que me lo merezco)

  3. 3 my blue eye 21 diciembre 2007 a las 8:02

    Te confieso que me he reído mucho leyéndote, y eso que el asunto da más bien para llorar, pero ya se sabe: es mejor negociar con una sonrisa en los pies.Por lo demás, tener a Tocqueville en el despacho debe de significar lo mismo que tener a Marx (en el otro despacho), o sea nada: una etiqueta más que viene bien en las fotografías. Pero nadie dijo que los políticos tenían que ser profundos, aunque los nuestros se llevan la palma.

  4. 4 Eduardo 23 diciembre 2007 a las 2:40

    Bueno, no sé si eres “meméfoba” pero te he mandado un meme: http://tabula-blog.blogspot.com/2007/12/los-tres-mejores-posts-del-ao.htmlBerlin, parece que Google ya ha solventado lo de las firmas.Saludos.


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