Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos*

Se interrumpe la programación prevista para anunciarles a ustedes, queridos lectores, que las fuerzas políticas andaluzas acaban de descubrir las claves para solucionar el problema de la educación en esta tierra nuestra. En efecto, el primer debate electoral para las elecciones de marzo, con el que la segunda emisora de Andalucía está contribuyendo en estos precisos instantes a aumentar la perplejidad general de quienes tienen alguna noción de cómo marcha la enseñanza, acaba de cerrar ahora mismo el tratamiento de este asunto para abordar el de la Sanidad. La Coalición Andalucista, Izquierda Unida, el Partido Popular y el gubernamental Partido Socialista Obrero Español tienen en este debate representación en igualdad de condiciones (es decir, de tiempo), lo cual permite escuchar los argumentos de todos ellos. Que son de lo más curiosos.

Todos los partidos de la oposición se han lanzado a enumerar los ciertamente vergonzosos y vergonzantes datos estadísticos, que como ustedes sabrán colocan a Andalucía sistemáticamente a la cola de España no sólo en resultados educativos, sino también en inversión y en condiciones. Y estar a la cola de España, desde luego, ya es grave. Los datos son cualquier cosa menos halagüeños. Y a continuación, todos insisten, con unos matices u otros, en aumentar el gasto destinado a la educación. Todos, sin excepción, hacen de ese el principal remedio.

Se entiende, claro. Es importante.

A continuación toma la palabra la representante del gobierno autonómico, y tras minimizar la gravedad de la situación nos cuenta que no hay de qué preocuparse. Se preguntarán ustedes por qué. Ah, queridos espectadores, es bien sencillo: la educación se ha recogido como algo primordial en el estatuto aprobado en el transcurso de esta legislatura. Sí, sí, el mismo estatuto que el PP al principio no quiso apoyar. ¡¿Cómo osan decir que no estamos haciendo nada?! Ahí está, ahí está esa magna obra legislativa.

El espectador, entonces, suspira aliviado. Lo pone ahí, está en el texto, la educación es importante. Menos mal.

Y la portavoz socialista sigue ilustrándonos, esta vez acerca de quiénes tienen la culpa de los –escasos, claro– defectos que aún presenta la enseñanza en Andalucía. Estoy segura de que ustedes lo imaginarán, claro. Los culpables de todo, desde que el mundo es mundo. Hay dos, son clarísimos, están en todas partes y además, en el fondo, son lo mismo. Se admiten apuestas.

Bingo.

Los cuarenta años de dictadura.

Y su sucesor, José María Aznar. Que no quiso pagarle a Andalucía la deuda histórica.

[Y claro, en veintiséis años qué querrán ustedes. Se hace lo que se puede, dadas las terribles condiciones: al fin y al cabo, con la dictadura tan reciente, y encima teniendo en cuenta que casi una tercera parte de los años que el PSOE ha estado en el poder en Andalucía ha tenido que enfrentarse al temible boicot procedente de la derechona asentada en Madrid, demasiado tenemos. ¿Qué? ¿Las tres legislaturas de Felipe González y la presente de Rodríguez Zapatero? Bueno, esos periodos son los responsables de las cosas buenas que hay. Que son muchas, eh. Muchas.]

Y poco más a partir de esa primera ronda de intervenciones. Vuelta a lo mismo por parte de todos, algún que otro matiz, y la moderadora da paso a otro tema.

Fundido en negro.

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El espectador se queda mirando cual disminuido psíquico la pantalla hasta que, con gran dificultad inicial, los engranajes de su atolondrada mente se ponen en movimiento.

¿Aumentar el gasto en educación? Pero… Pero si la portavoz socialista ha dicho la verdad: eso ya se está haciendo. Concretamente, se está destinando una parte del presupuesto a la disminución del fracaso escolar. Por un método, además, que no falla.

El espectador se muestra tal vez escéptico. No, no. Disipe usted sus dudas.

Verá, es que no puede fallar.

En efecto, quienes ocupan el poder en la Junta de Andalucía ya se habían dado cuenta, mucho antes que todos los grupos de la oposición, de que la solución mágica era el aumento del gasto. El gasto en aprobados, que ahora se compran. Pero ojo, que esto es inversión pública y debe ser de esa que llaman política social, porque los padres no tienen que invertir, nada de rascarse el bolsillo, ahora que el IPC se ha desbocado, para comprarle un cinco jotas al profesor. La socialdemocracia jamás permitiría eso: antes al contrario, la Junta los comprará por nosotros. Para los querubines de todas las familias andaluzas. Aprobados más allá de las fronteras sociales y económicas, de forma transversal, impulsando hacia el éxito a este magno pueblo.

Nadie ha mencionado esto. Ni uno. ¿No les parece sintomático?

[* …lo que fuimos antiguamente, siervos de terratenientes y de chulos a caballo… Ya lo dice el himno. Que diga, la chirigota.]

15 Responses to “Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos*”


  1. 1 Paco Beltran 16 febrero 2008 a las 12:01

    Hola Irene,Magnífica entrada. Ahora fíjate en lo que está ocurriendo en cualquier otra comunidad autónoma y verás que, con matices, es lo mismo, por parte de la administración correspondiente o bien de los profesores. P. ej.: gran manifestación de profesores hace dos días en Cataluña ¿en defensa de la mejora en la enseñanza…? Pues no… en defensa del status quo: funcionariado, salarios, nada de experimentos, que todo quede como está…

  2. 2 snipfer 16 febrero 2008 a las 12:08

    Tal y como va la sociedad de la información y las posibilidades de difundir contenido a precios ridículos yo opino que el gasto habría que reducirlo y ,como mucho, mantenerlo.En un mundo en el que basta una fotocopiadora para producir ingentes cantidades de texto, lo que deberían hacer los profesores es editar sus propios libros/apuntes/colecciones de ejercicios en los institutos y darlos a los alumnos. Con eso y disciplina y exigencia todo lo demás sobra.

  3. 3 Nairu 16 febrero 2008 a las 14:21

    Pero Snipfer, que te vas a cargar el negocio de los polancos…Nunca permitirán que se les acabe ese chollo.

  4. 4 Berlin Smith 16 febrero 2008 a las 15:24

    Aquí un antiespañol.Efectivamente, Sra. Sánchez. Veintitantísimos años de gobierno, un general gallego muerto y dos canales de televisión pública después, el gobierno por y para el pueblo, sigue dejando Andalucía donde estaba: en la cola.Menos mal que la función de la televisión pública es formar, dicen, entre otras, porque si no, esto sería la hecatombe.Le sería interesante escuchar a sus propios ejecutivos – los de Canal Sur – explicar que con el nivel educativo que tiene la población, la programación da para lo que da, para jarana y tópico. Yo que pensaba que la socialdemocracia iba a cambiar el mundo, pero el especial de la feria, María del Monte, pescao y vino delante no se lo quita nadie. Pero es que son tradiciones del pueblo, para el que hacemos todo.Por supuesto, en el debate andaluz el problema del déficit crónico entre renta generada y subvenciones de todos los demás que se han recibido resultaría un tema reaccionario y poco menos que criminal que sólo a un fascista antipatriota se le ocurriría. Es interesante esto: se puede ser patriota, pero si eres español eres facha. La izquierda es puro ingenio.Leo con mucho interés el asunto de la educación y cómo piensan mejorarla con gasto. Y ya les veo venir: van a contratar más profesores en vez de subir los sueldos (para atraer gente lista, que para eso es) y van a poner un variable por el rendimiento del profesor. Queda por saber cómo será la vara de medir y con referencia a qué y que grado de influencia tiene el profesor en la medida, pero mientras tanto uno se pregunta si eso de pagar por el mérito no era una cosa de derechas y de bien liberales, esos canallas.Ahora que Rajoy dice que es más socialista que nadie (ya lo sabíamos) nadie es capaz de hacer la pregunta verdaderamente certera. Yo sí, para qué le voy a engañar, mi ego es como es: Si el estado ha fracasado y su principal representante, el presidente del gobierno, dice que nos devuelve el dinero que no usa, ¿no sería pertinente darle el dinero al ciudadano para que tenga la oportunidad de elegir y ver si él no se equivoca y paga el colegio que da a sus hijos una formación que les dé oportunidades en la vida? No, como el estado ya se ha equivocado, ¿qué más da que te equivoques tú con tu dinero?¿Lo ve usted? Soy un facha.

  5. 5 bordesinremedio 16 febrero 2008 a las 18:27

    Perdona por lo del nombre, me dio un lapsus, ya me pasó con John Bolton, que lo rebautizé como John Bolgon xD

  6. 6 Irene 16 febrero 2008 a las 20:36

    Paco, no me cabe duda de que el problema de Andalucía no es exclusivamente de Andalucía. No obstante, respecto a lo de la manifestación, la verdad es que he estado bicheando y no encuentro una información lo suficientemente completa como para opinar sobre la ley en cuestión. Sea como fuere, las reivindicaciones salariales (aunque repito que no sé en qué consisten) me pueden parecer válidas en este terreno como en cualquier otro (y de hecho, creo que si queremos una enseñanza de calidad, se debe intentar atraer hacia la enseñanza a la gente más valiosa). Por otra parte, conozco a muchos profesionales de la enseñanza y no me extraña que no se molesten a estas alturas en reivindicar la mejora de la calidad de la enseñanza, cuando claramente los gobiernos están buscando de manera activa todo lo contrario. Resulta francamente deprimente pisar un instituto en los tiempos que corren. Empieza a serlo, incluso, pisar una facultad. Pero en cualquier caso, la constatación que hace usted sigue siendo, efectivamente, muy triste.Snipfer y Nairu: enlazando con lo anterior, estoy de acuerdo en que el aumento del gasto no es la solución, o al menos no lo es si se dedica a según qué conceptos. Nairu, cierto lo de los polancos, pero seamos justos: es cierto tanto para ellos como para SM. En general, las editoriales pondrían el grito en el cielo. Pero lo cierto es que los mejores profesores que he tenido en mi vida han tirado poco o nada de los dichosos libros de texto. En cualquier caso, suscribo lo que considero fundamental de lo que señala Snipfer: la clave está en la disciplina y la exigencia. La cultura del esfuerzo, tan desprestigiada y por lo visto tan “facha” desde la nefasta herencia de mayo del 68.Mi querido Sr. Smith, vaya por delante que, aun conociendo sus reparos (que sorprendentemente tienen un tufo políticamente correcto que no me esperaba de usted) en torno al uso del apelativo “señorita”, si vuelve a llamarme “señora” tendré que reprimir unas fuertes ansias de lanzarle una zapatilla a la cabeza, cosa que me concederá que resultaría poco decorosa entre nosotros. Dicho esto, le doy la bienvenida a pesar de su carácter antipatriota. Una, que es muy abierta. En lo que respecta a la televisión pública, qué decir. Quienes la sufrimos y tenemos un mínimo de sensibilidad hemos optado, en la mayoría de los casos, por no poner nunca ese canal. Lo de anoche, puede y debe usted creerme (sí, sí: le estoy dando “motivos para creer”) fue una excepción. De la que como ve tuve que arrepentirme.De la cultura de la subvención qué querrá usted que le cuente. Ya sabrá que soy más socialdemócrata que usted, pero todo tiene su límite, y a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Vivir del cuento sigue siendo vivir del cuento, por más que se le ponga el apelativo de “política social” en según qué casos. Al contrario de lo que imagino que será su postura, no me opongo a todas las subvenciones, ni a todas las ayudas. Pero sí, por supuesto, a la subvencionitis. En el fondo, eso no hace sino generar más dependencia y desincentivar el esfuerzo.Respecto a la mejora de la educación aumentando el gasto, creo que se le escapa a usted el detalle esencial. Como ya señalé más arriba, me muevo bastante entre profesionales de la enseñanza, así que le aclararé algunos puntos. No sé si contratarán más profesores o no, pero desde luego no se trata de poner un variable por el rendimiento del profesor, pagando como usted dice por el mérito (que mire usted, ni siquiera estaría del todo mal). De lo que se trata es de dar un bonus de nosécuántos miles de euros (siete, creo) a los profesores que “aumenten el rendimiento”, entendiendo rendimiento como “número de aprobados”. Grado de influencia, por lo tanto, total. Disminución del “fracaso escolar”, como de costumbre, bajando el listón. Valoración del mérito, ninguna. Ni en los profesores ni, por supuesto, en los alumnos.Respecto al último punto que plantea: no me parece mal que la gente lleve a sus niños a los colegios que considere más apropiados (yo seguramente lo haría, a la vista de las circunstancias actuales). Pero es evidente que no todo el mundo puede permitirse eso. Y verá usted: no creo en el mito progre de la igualdad de resultados, pero sí creo en el mito teóricamente liberal (del que tantos liberales se desmarcan llegados a este punto, ejem ejem) de la igualdad de oportunidades. En este campo, lo que podríamos llamar “herencia” (es decir, quiénes son los papis de uno) está claro que desvirtúa ese concepto, porque el punto de partida no es el mismo para todos. No creo que se pueda uniformizar del todo, pero sí creo que dentro de lo posible hay que ofrecer a quienes no pueden costeárselo (y no me negará usted que nacer en una familia u otra no corresponde al “mérito” ni a la “libertad individual” del recién nacido, ¿no?) unas posibilidades dignas de recibir una formación de la mayor calidad posible. En realidad, para ello seguramente no hace falta invertir más, sino mejor. Pero lo que tampoco me parecería admisible es desmantelar la enseñanza pública (sin perjuicio de que siga existiendo la privada para quienes la deseen). Lo que hace falta es que la pública vuelva a ser lo que sorprendentemente (¿o no?) era en época del general gallego y ha dejado de ser ahora: exigente y disciplinada, y nada de regalar aprobados generales. [Lo que no tiene que volver a ser, claro está, es una fábrica de nacionalcatólicos… Tampoco una fábrica de progres.]Menuda perorata. Eah, saludos a todos.

  7. 7 Nairu 16 febrero 2008 a las 23:07

    Con lo de los polancos me refería a los editores de libros de texto en general.

  8. 8 Irene 16 febrero 2008 a las 23:40

    Pues eso, eso. Si es que lo mío es dar la lata, mayormente. No me haga demasiado caso, no es recomendable :)Un saludo

  9. 9 Berlin Smith 17 febrero 2008 a las 0:39

    Pero Irene, ¿me está diciendo que no es una señora? Promiscua, pecadora, todo lo que quiera, pero siempre con elegancia. Como una gran dama ¿verdad, señora mía?Al respecto de la presunta polémica que nos concierne, debo precisar. Ya me conoce, el aceite y yo tenemos un código genético con muchas similitudes.No, no se trata de que el que no tenga se quede sin escuela. Sino que le den el dinero para que elija la que le guste, si es que no tiene. Es muy distinto: el estado se equivoca con tu dinero, que te deje equivocarte con lo que te quita. Y, si no te llega (que ya es raro, puesta bajar los impuestos), para eso está el estado: para los que no pueden valerse por sí mismos. Que no es el caso de la clase media, precisamente.Me dice que van a dar aprobados: por eso decía que no se sabe quién y qué mide. Porque si les van a medir por el resultado de pruebas independientes (¿por qué los colegios españoles no miden el inglés por el TOEFL?) y vincularles el sueldo al número de aprobados, me parece bien: se les paga por enseñar. Sólo basta que ellos no pongan la nota. Es como debiera ser el gobierno: check and balances.En USA, los alumnos puntúan a los profesores, pero no hay concertación: han pagado tal pasta por estar en la universidad, tienen créditos pendientes de devolver, que no se andan con bromas: o eres bueno, o no me sirves.Es lo que tiene que las cosas no sean gratis, que la gente las valora.

  10. 10 my blue eye 17 febrero 2008 a las 8:07

    ¿Que la Junta se va a gastar el dinero del presupuesto de Educación en comprarme a mí, que me presento a las oposiciones por Andalucía? Me parece estupendo, estupendo. Aunque tengo sobrados conocimientos para educar a los niños andaluces sin que me compren.¡Digo! Ozú.(¿Tiene algo que ver con toda esta locura andaluza el hecho de que, ILEGALMENTE, los examinadores de oposiciones separen a aquellos opositores empadronados en Andalucía de aquellos que no lo están? Porque un andaluz ha mamao Andalucía, que hay musho arte).En fin, paridas que me salen.Te veo especialmente sembrada estos días, Irene, je.

  11. 11 Irene 17 febrero 2008 a las 13:17

    Bueno, Berlin, habría que precisar más, pero tal vez a la vista de lo que hay no estemos tan en desacuerdo. De todas formas, yo apostaría antes por reformar la enseñanza pública (eso sí, de arriba abajo y en plan “vieja escuela”, que tanta pamplina políticamente correcta ya se ha visto a dónde nos lleva) que por promocionar exclusivamente la privada. En cuanto a la valoración de los profesores, la idea no es mala, pero no me negará usted que es mucho menos sencillo de lo que parece. Entre otras cosas, porque hay ahí un elemento de aleatoriedad difícil de superar: el profesor no elige qué alumnos le van a tocar en suerte. Y usted y yo sabemos, aun sin llegar al absurdo ese de que todo el futuro de uno está determinado por las condiciones socioeconómicas que lo ven nacer, que la calidad del alumnado –en términos no de capacidad, sino de interés en los estudios– tiene mucho que ver con esa variable. No le hablo, claro está, de mayores de edad con capacidad más que suficiente para tomar decisiones y responsabilizarse de las mismas. Hablo de niños de diez años que, al fin y al cabo, maman lo que maman en casa. Creo bastante en la libertad de los padres para elegir, pero no hasta el punto de considerar que siempre han de ser mejores sus decisiones que las del Estado (en muchísimas ocasiones, pese a todos los defectos del Estado, ocurriría totalmente al contrario). Y sigo pensando que un niño no es responsable de dónde nace, y no creo que el Estado pueda mantenerse al margen de eso; la libertad de los padres no debe confundirse con la desprotección del menor. El problema, como siempre, está en hallar el equilibrio. (Como ve, tengo muy claras las soluciones :-P)Es cierto, no obstante, que lo que se paga se valora (aunque eso también depende del esfuerzo que tenga hacer cada cual para pagar una misma cosa, que no es el mismo). En el caso de los universitarios españoles de la filosofía me-matriculo-y-me-tiro-diez-años-en-la-carrera-, a los que tanto les gusta vivir del cuento, esto es especialmente patente.Ahm, y digo yo que una puede ser señora o señorita, y la elegancia y la discreción y todas esas cosas caben en ambos casos, ¿no? Sin necesidad de sentir que se está ingresando en la senectud más de lo que ya se tiene esa impresión con el cuarto de siglo al que se va una aproximando. Ya, ya sé que esa afirmación puede resultar para algunos un agravio😛 Pero qué querrá que le diga, la sociedad que nos lava los cerebros, o qué sé yo (ya sabe, como buena socialdemócrata tendré que echarle la culpa al mundo :-P).My blue eye, espero que estés aprendiendo a bailar sevillanas. Creo que dan puntos. Y deberías sintonizar Canal Sur, que esos sí que hacen escuela. Tendrás que contarme algo más de eso de las oposiciones, no tengo ni idea. En cualquier caso, a ver si todo sale bien y tenemos ocasión de enseñarte a beber Cruzcampo mientras nos hablas de Hannah con asento sevillano (shiquilla)…😛

  12. 12 Berlin Smith 17 febrero 2008 a las 23:34

    ¡Irene del alma mía! (es para no decir “señora mía”)Deje que le provoque y le remueva más su conciencia condicionada por imágenes del siglo XIX.Me dice “el futuro de uno está determinado por las condiciones socioeconómicas que lo ven nacer”. Querida: este es un argumento de un marxistazo que no se puede con él. Es un historicismo, si me permite la licencia. La “clase” como jaula, como condicionante, como negación de una sociedad abierta. El problema, mi querida amiga, no es el punto de partida, sino las condiciones para la movilidad. ¿Puede un hombre labrarse su destino? La respuesta en el cortijo, era no. ¿Quedan cortijos? ¿Acortijados?. Porque si no es así, la desigualdad es producto del esfuerzo de cada uno: es verdad que es más fácil para el que tiene ayuda del dinero de su cuna, pero como demuestran los aristócratas arruinados entre los que en el campo andaluz hay unos cuantos, cuna y prosperidad no siempre van de la mano, gracias a que disponemos de una sociedad lo suficientemente abierta. Mire los ladrilleros y su nivel cultural.Estoy con usted que con la educación no se juega. Es más, la educación no es un negocio. Que no sea negocio, no significa que no viva en determindas reglas de mercado, palabra “espantosa” que confunde lo esencial: la libertad de organización y de pactar entre individuos. Eso es el mercado y no esa manera despectiva que tienen de mirar los pactos los enemigos de la libertad económica y de la otra.¿Pero por qué debe haber escuela pública? ¿No es la sociedad capaz de hacerlo? ¿Cuál es el plus? Sólo el adoctrinamiento: el estado pretende formar individuos según sus pretensiones. ¿Debe el estado permitir que un sólo niño quede sin educación, haciéndole incapaz de buscar su propio destino? No. Pero eso no significa que la tenga que producir, sino que debe garantizar que se provee. Tantos años de escuela pública española y seguimos quejándonos del nivel educativo: el estado ya se ha equivocado, dejemos que la gente se equivoque sola: dénles el dinero que previamente les han quitado y dejen que elijan.Y no, los padres no son tan tontos como pensamos. Ese argumento es otro argumento socialdemócrata, en realidad, déspota: pensar que sólo ellos saben lo que te conviene. Por eso las feministas piden que se retiren anuncios sexistas. O defensas de la prostitución realizadas por prostitutas en televisión. Creen que negarnos el acceso a sus testimonios bajo la bandera de la divulgación de ideas “incorrectas” y en nombre de la lucha y el progreso es una potestad suya a través del estado. Sin embargo, Irene, vos sos lo suficientemente lista para saber, juzgar y contrastar si escuchar a una defensora de la prostitución es algo que os conviene o no. O si hacerla caso es una buena idea.¿Y la escuela? ¿Qué tiene que ver? Tiene que ver que si diéramos a los padres elegir, por ejemplo, en qué idioma quieren que sus hijos estudien y les dieran la opción, no dudarían en llevarlos a un buen colegio inglés. Ni catalán, ni castellano. Lo que hacen las familias que pueden pagarlo después de los impuestos, es mandarlos a colegios con idiomas no españoles. Los pobres, en cambio, se tienen que contentar con lo que da el estado. Que les den el dinero y les dejen elegir, que ya verá como los padres presionan a los profesores para que los hijos pasen tests más objetivos que las notas de clase: exámenes internacionales y pruebas de acceso a la universidad, incluso con lo cutres que son las nuestras. Me parece que hoy son algo mejores que en mi época, menos es nada, pero todavía pueden mejorar más.Al final se trata de elegir entre si uno quiere un estado que sea su padre (y no te deje volver a las diez de la noche o no ponerte un pendiente en la nariz) o ser dueño de tu destino, aunque descubras que tu padre tenía razón en algunas cosas: lo has aprendido tú, no te lo han impuesto.

  13. 13 Irene 18 febrero 2008 a las 9:46

    ¡Caballero! Haga usted el favor de leer con atención lo que le digo y no atribuirme semejante marxistadas, por favor:”Y usted y yo sabemos, aun sin llegar al absurdo ese de que todo el futuro de uno está determinado por las condiciones socioeconómicas que lo ven nacer, que la calidad del alumnado –en términos no de capacidad, sino de interés en los estudios– tiene mucho que ver con esa variable.”Por lo demás, creo que en lo fundamental no dejamos de estar de acuerdo, aunque los matices importan y gran parte del problema de lo que usted plantea estaría no en lo correcto o no del planteamiento (que parece bastante sensato) sino en cómo sería realmente la práctica del mismo. En cuanto a la “sabiduría” de los padres, sólo señalaba que son tan susceptibles –y en ocasiones más, como en otras ocasiones menos– como el Estado de equivocarse. Y me dirá usted: pues puesto a que se equivoque el Estado por uno, mejor equivocarse uno directamente. Pues sí, estoy de acuerdo. El problema es que en el caso de los padres que se equivocan, siguen siendo otros los que se equivocan por “uno” (el niño). Insisto en que el problema, como siempre, es de límites: no desear un Estado paternal (y le aseguro que no lo deseo) no debe llevarnos al extremo –al que se podría llegar según su lógica si ésta se lleva a sus últimas consecuencias–, por ejemplo, de decir que si los padres “se equivocan” maltratando a sus hijos, o negándose a que se les hagan transfusiones sanguíneas, o sencillamente siendo absolutamente negligentes en la atención a sus hijos –y los hay, caballero, claro que los hay, por más que no sean lo que vemos usted y yo en nuestro entorno habitual y por más que a veces incluso cueste imaginar cómo y por qué–, el Estado deba o pueda mantenerse al margen. Lo único que pretendo señalar, sin necesidad de irse a estos extremos (no vaya a acusarme de demagoga, por favor, que eso es muy fácil), es que deben existir unos límites a la “libertad de los padres para equivocarse”. Porque nos guste más o menos el Estado, a veces los padres pueden equivocarse mucho, pero que muchísimo más. No he dicho, como usted insinúa, que esa sea la norma. Sólo he dicho que se da (tampoco creo que sean excepciones taaaaaan raras, de todas formas), y que hay que estar atentos a prevenir semejantes casos.Los problemas son los de siempre: dónde están los límites, y cómo se articulan.En cuanto a los exámenes externos o “más objetivos”, totalmente de acuerdo. De hecho, y a pesar de que sé perfectamente bien que esto a mí podría perjudicarme más que beneficiarme, siempre he defendido que la nota de Selectividad sea, directamente, la nota de acceso a la universidad. El expediente depende de demasiadas cosas como para representar un porcentaje, o al menos para representar el porcentaje mayoritario que hoy día supone. Evidentemente, los exámenes estatales de este tipo (como todos) introducen también un nivel de aleatoridad y por tanto de potencial injusticia. Pero al menos es el mismo nivel de injusticia en potencia para todos, que a veces es lo más cercano a la justicia que cabe diseñar.

  14. 14 Eliahh 18 febrero 2008 a las 11:25

    Sobre la capacidad de elegir de los padres y el darles un dinero de vuelta para que lo gasten en la enseñanza que deseen, me río yo a carcajadas.Si no entiendo mal, eso significa que la gente que vive en un pueblo, como mucha gente en este país, podría con ese dinero pagar para que sus hijos fueran al Liceo o a un colegio privado del Opus.Pues no, porque ni la Asunción ni el Colegio Alemán, montan colegios cerca de toda la gente que pudiera desear, en caso de poder económica mente, enviar a sus hijos con ellos.Así que creo que es un error pensar que se debe potenciar la educación desde ahí. De hecho, bastante se ha potenciado desde la Junta de Andalucía la educación concertada, con gobierno del PSOE claro, como para poder tener derecho a sorprenderse de que el resultado de la pública sea malo.Me gustaría poder creer que se quiere reformar y dar dinero, pero dada la importancia que le da la clase política a los aspectos culturales de la enseñanza, y el poco criterio que a ojos vista tienen para elegir el cómo de las inversiones, no me lo creo.Si fuera de otro modo, los idiomas los impartirían profesores nativos y no profesores de Lengua reconvertidos a Inglés. Las Matemáticas y la Lengua no tendrían 3 horas semanales y se daría algo de Historia del Arte.En fin, sé que se va un poco del tema, pero creo que la raíz de la cuestión la habéis analizado más aquí que nunca en un Parlamento.Sobre Canal Sur, como andaluza emigrada, no puedo opinar sin gritar o llorar. El día en que ponga Telemadrid y haya chotis, pensaré que existe una razón para la televisión autonómica andaluza, mientras, no lo puedo comprender.E Irene, dime por favor que no prefieres señorita a señora :SUn saludo.

  15. 15 Irene 18 febrero 2008 a las 17:59

    Jajaja… Por supuesto que prefiero señorita a señora, sintiéndolo mucho por los políticamente correctos. Pocas cosas suenan tan bien como un “señorita” a tiempo y en el tono adecuado en boca de un auténtico caballero.Respecto a lo demás, en buena medida coincido contigo (es lo que le decía al Sr. Smith de la viabilidad o no de lo que él propone, y de cómo se traduciría eso a la práctica). Pero no estoy de acuerdo en que los problemas de la educación pública provengan de que se haya dado demasiada atención a la concertada (lo de la concertación está mal de raíz para quienes creemos que el Estado debe ser laico, pero en parte hay que reconocer que obedeció a una necesidad en aquel momento: la de tener suficientes escuelas ampliamente accesibles en términos generales). Si el problema, como hemos señalado, no es de gasto insuficiente sino de gasto inadecuado y de que se están olvidando los principios que realmente deberían guiar la forma en que se conduce la enseñanza (disciplina, esfuerzo, conocimientos, y menos paja), la solución difícilmente va a ser retirar dinero de los colegios concertados para invertir más en la escuela pública. El problema, en sus rasgos fundamentales, no es de inversión, sino más bien de diseño curricular. El problema es que no se pretende dar una formación real, sino tener a los niños metidos en guarderías hasta los 16 años (mínimo) y a los padres contentos porque siempre se aprueba (y si no, da igual, porque aun así se pasa de curso). Y si para ello la única fórmula es rebajar sistemáticamente los niveles de exigencia (que es lo que se lleva haciendo muuuuuuchos años), pues así sea. Y si los niños no aprenden nada, pues así sea.Y así las cosas, francamente, ¿nos vamos a extrañar de que la gente no quiera llevar a sus niños a colegios públicos?


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