Archivo para 23 marzo 2008

Psicopedagogía, felaciones y subvenciones: Una fábula progre basada en hechos reales. Con moraleja.

Nos contaban hace unos días, en distendida charla tan propia de estas fechas vacacionales, la vivencia de un profesor, padre o conocido de alguno de los presentes, de un instituto de la capital hispalense o cuanto menos de la provincia que la rodea, y de cuya identidad no podemos proporcionar más señas que las ya dadas puesto que todo lo que conocemos de la historia nos llega tan sólo por la bien conocida vía del boca a boca –nunca mejor dicho, como entenderán ustedes enseguida–. Es probable, pues, que lo que aquí les narro presente con respecto a la verdad estricta de los hechos alguna modificación más o menos sustancial, alguna exageración, algún error de interpretación o incluso un parecido prácticamente nulo. Poco importa, en realidad, ya que la prensa nacional y aun la internacional bien nos han enseñado que la verdad y el rigor no pueden ni deben estropear una buena historia; por otra parte, el hipotético desmentido de la historia no restaría un ápice de validez a las interesantes reflexiones que nos fue dado extraer de la misma, ni a las oportunas innovaciones que en materia de enseñanza se proponen en consecuencia.
Según parece, el profesor protagonista comenzó a observar, en una concurrida clase de tiernos retoños de trece o catorce años, que algunas de las jóvenas que allí asistían parecían estar haciéndose de oro en sentido literal, puesto que el conjunto de joyas y abalorios con el que las muchachitas en cuestión hacían acto de presencia diario en clase aumentaba exponencialmente con el transcurso de las semanas. Nuestro héroe, irritado ante las desigualdades socioeconómicas que semejante acto de ostentación ponía de relieve, y que podía provocar problemas psicológicos en los alumnos menos favorecidos y aun un conflicto de clases –nunca mejor dicho, de nuevo– en el seno de un aula que debía ser ejemplo de igualitarismo, se dispuso a investigar el origen de tanta riqueza, no fuera a ser que la misma derivase de una apropiación de la plusvalía de algún compañero explotado.
Nada más alejado de la realidad. Las chicas, según nuestras fuentes, estaban dedicándose entre clase y clase y durante los recreos a la tarea de practicar a sus enardecidos compañeros –la pubertad, ya saben– felaciones por el módico precio de un euro. Tras el escándalo inicial y unánime de todos los contertulios –“¿¡por un euro!?”, exclamamos al unísono–, fruto sin duda de siglos de prejuicios nacionalcatólicos y de la salvaje mentalidad capitalista que nos hace difícilmente comprensible un negocio con tan bajo margen de beneficios, llegaron el sosiego y la reflexión, y con ellos la lenta e iluminadora comprensión de las posibilidades que semejante iniciativa presenta como base para una política social y pedagógica de igualdad y educación de género.
Debo en este punto hacer un alto para reconocer la autoría intelectual de la propuesta inicial, que no es mía sino de un buen amigo al que, por carecer de blog, no puedo enlazar debidamente, pero que fue el artífice primero del proyecto social de enseñanza que se detalla a continuación, completado con aportaciones de varios de los tertulianos, entre los que se cuenta una servidora.
La conclusión fundamental fue que estas actividades debería subvencionarlas la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, así como sus homólogos del resto de naciones que conforman el Estado Español, en el caso de considerar que la iniciativa casa con el carácter nacional y las tradiciones de cada uno de sus pueblos. El caso que nos ocupa, no obstante, es el de la patria andaluza. Aquí, los nobles esfuerzos de los responsables de la educación pública han permitido que a día de hoy se halle implantado casi a la perfección el igualitarismo académico, en virtud del cual por fin se ha conseguido desterrar esa odiosa, elitista, nacionalfascista y burguesa terminología de la excelencia, el esfuerzo y la disciplina. Sustituido ahora este denigrante vocabulario que dividía a los alumnos entre buenos y malos o listos y tontos y fomentaba por tanto el surgimiento de rencores sociales y traumas psicológicos, se ha logrado articular un modelo educativo que elimina o trivializa las diferencias en capacidad, esfuerzo e interés en pro de la formación en actitudes, la igualación de todo el alumnado y el destierro de la tan tediosa adquisición de conocimientos.
Conseguido lo anterior, se nos avecina un nuevo reto: han quedado virtualmente eliminadas las diferencias entre listos y tontos, esforzados y vagos, interesados y pasotas. Pero el ámbito escolar ha de ser un marco global de educación –los padres, ya se sabe, no pueden ser responsables de semejante carga–, superando el estrecho horizonte de lo académico para potenciar una formación en valores democráticos. La Educación para la Ciudadanía no ha de entenderse tan sólo como una asignatura más del curriculum, sino que debe extenderse transversalmente a todo el horario –lectivo o no– de los centros escolares, recreos y descansos incluidos. En este sentido, es necesario observar que aún quedan graves diferencias por superar, y que ha llegado el momento de afrontarlas: el sistema educativo aún no ha logrado erradicar las traumáticas diferencias que aún persisten entre guapos y feos, populares y pardos, fuertes y gorditos. Así, la muchachada asistente a colegios e institutos sigue sumida en una competencia sin tregua entre púberes por conseguir la atención del sexo contrario o –según los casos– del propio. La práctica inaugurada por las avispadas chicas que inspiraron esta propuesta permite hacer frente a esta tendencia de manera democrática y solidaria.

Se propone, pues, lo siguiente:

1.- Que la Junta de Andalucía ofrezca subvenciones para felaciones solidarias por parte las compañeras. Esta política no podría quedar restringida al ámbito de lo heterosexual, haciéndose necesaria por tanto una oferta más amplia, en la que la felación y el cunnilingus estuviesen disponibles por igual y fuesen practicados paritariamente por ambos sexos. Esta política contribuiría a una iniciación sexual de la juventud en un marco acogedor, y aboliría las diferencias de atractivo sexual entre unos y otros miembros del alumnado al ofrecer a todos un trato igualitario.

2.- Fomentar la actitud participativa por parte de todo el alumnado, con incentivos tales como la posibilidad de pasar de curso no ya con cuatro, sino con cinco o seis o siete asignaturas (queda exenta de esta posibilidad la Educación para la Ciudadanía, clave imprescindible de una formación global), a cambio de la realización de esta actividad solidaria. Se contribuiría así a asegurar la equidad de la oferta y a garantizar una mayor apertura mental de los jóvenes ante las diferentes posibilidades de orientación sexual disponibles, aboliendo de esta forma los prejuicios aun existentes entre los hijos de votantes del Partido Popular.

3.- Habilitar en las escuelas espacios adecuadamente acondicionados y equipados para estas lides, haciendo hincapié en la limpieza, la higiene y el uso de una adecuada protección contra las ETS o, llegado el caso de implantarse prácticas más completas, el embarazo.

4.- Ofrecer al alumnado una formación sexual en sesiones teóricas –la Junta proveerá a los centros con folletos con títulos tales como Cómo hacer una buena felación o Descubre el cunnilingus— y prácticas, en las que el profesorado podrá contribuir a la instrucción de los púberes, fomentándose así una mayor implicación de aquellos en la formación completa de sus alumnos y alumnas.

5.- Acompañar la iniciativa de una activa campaña en pro de la abolición de tabúes sexuales, y de una adecuada contabilización de la oferta y la demanda que asegure la paridad entre sexos tanto entre demandantes como entre oferentes. El establecimiento de cuotas, en este sentido, resultaría de enorme utilidad.

6.- Para potenciar la igualdad de género y génera, las alumnas serán las principales beneficiarias de las subvenciones, con el objeto de potenciar su participación en las actividades y sus posibilidades de ascenso laboral en este campo una vez egresadas de los centros educativos. Entre los chicos, se considera que será estímulo suficiente para lograr su participación como oferentes el hacer dependiente de ello sus posibilidades de acceso como demandantes.

Bien pensado, no sé cómo no se les ha ocurrido a ellos antes. Ni cómo va a ser posible la segunda modernización de Andalucía si no incorporamos estas innovaciones.

Política exterior, economía y Realpolitik. Franco y los aliados

Hoy toca un poquito de Historia…

Nos guste más o menos, es obvia la estrecha relación existente entre economía y relaciones internacionales. Aun huyendo de reduccionismos marxistas que atribuyan todo el devenir histórico a las estructuras económicas, no hay duda de que estas juegan un papel fundamental en la política exterior de los Estados y, en un sentido más amplio, en la actividad política en general. Gabriel Tortella sostiene que la economía no es ningún deus ex machina, y trabaja con la tesis de que la esfera política tiene su propia dinámica, que en el corto plazo resulta decisiva, mientras que los cambios políticos profundos vienen determinados por la evolución económica. Se suscriba o no esta teoría, interesa resaltar que en cualquier caso la relación entre ambos campos es innegable. Por otra parte, esto no deja de ser evidente habida cuenta de que la división no obedece más que a consideraciones de carácter pragmático y convencional, destinadas a facilitar el estudio de la realidad acotando sus límites. Pero la realidad es una y caprichosa, y no se presta fácilmente a divisiones.
Estas observaciones generales resultan esclarecedoras si se aplican a lo que Tusell consideró la cuestión verdaderamente más importante desde el punto de vista historiográfico respecto del Franquismo, es decir, los factores que posibilitan explicar que el régimen se sostuviese durante cuarenta años. En este sentido, el contexto internacional y la economía, inextricablemente ligados como están, son claves necesarias para la comprensión del fenómeno. Más allá de los méritos o deméritos que quepa atribuir a los diplomáticos franquistas y al resto de hombres del régimen, de la inteligencia o justicia con la que se comportase –o no– este en lo relativo a la represión y el mantenimiento del orden público, de la valoración que merezcan sus relaciones con la Iglesia o la política educativa puesta en marcha por el poder; más allá de toda la serie de factores que, concatenados y entrelazados, definen y explican la evolución histórica de cualquier sistema político, lo cierto es que un factor ajeno al control del régimen, como era la situación internacional que comenzó a perfilarse a partir de la Segunda Guerra Mundial, habría de resultar decisivo a la hora de perpetuar en el poder a Franco. A su vez, la evolución económica de la España franquista, favorecida por las condiciones internacionales de la Guerra Fría, afianzó el apoyo sociológico al régimen, contribuyendo también a su perduración.

El esquema sintético de lo ocurrido en la inmediata posguerra mundial sostiene que, tras la rendición de las potencias del Eje, el régimen franquista aparecía como el último reducto del fascismo recién derrotado, lo cual propició una política de aislamiento internacional del régimen. Esta afirmación genérica es válida, pero es también incompleta y matizable. Es cierto que en estos años de reorganización del orden mundial se puso en marcha con respecto a España una política combinada de gestos diplomáticos y medidas reales de presión; otra cosa bien distinta es calibrar la intensidad y duración reales de esta política.
En la Conferencia de San Francisco de junio de 1945, en la que se aprobó la Carta de las Naciones Unidas, la delegación mexicana presentó una moción que en definitiva iba encaminada al aislamiento internacional de la España franquista. Esta moción era en buena medida resultado de las gestiones realizadas por la Junta Española de Liberación, máxima representación del gobierno republicano en el exilio en México, ante el Ministro de Relaciones Exteriores de este país. Los republicanos consiguieron que el delegado mexicano en San Francisco, Luis Quintanilla, presentase la moción que lleva su nombre, cuyo contenido estipulaba la imposibilidad de que formasen parte de la Organización de las Naciones Unidas países con regímenes que hubiesen sido establecidos con ayuda de las naciones del Eje. La moción Quintanilla, aprobada por aclamación, iniciaba una ofensiva contra el régimen que se vería ratificada en Potsdam cuando Stalin, Truman y Attlee declarasen en su comunicado final que el gobierno español,

establecido con ayuda de las potencias del Eje, no posee, en razón de sus orígenes, de su carácter y de su estrecha relación con los países agresores, las cualidades necesarias para justificar su admisión en las Naciones Unidas.

Daba así comienzo lo que dio en conocerse como la “cuestión española”, que en años sucesivos habría de convertirse en asunto frecuente de discusión en el seno de las Naciones Unidas. En febrero de 1946, la Asamblea General aprobaba en Londres, a propuesta de Panamá, su Resolución 32 (I), que condenaba expresamente el régimen franquista por no representar al pueblo español y solicitaba a los países miembros que en sus relaciones con Madrid se atuviesen al espíritu de la Carta de la ONU. En abril, Francia cerraba su frontera con España tras la ejecución por parte del régimen franquista de un grupo de guerrilleros. Unos días más tarde, el país galo hacía una declaración conjunta con estadounidenses e ingleses, según la cual España no podría esperar relaciones cordiales con los antiguos aliados contra el fascismo mientras perviviese el régimen de Franco.
Por añadidura, ese mismo año se crearía en el Consejo de Seguridad un subcomité específico para examinar si España constituía una amenaza para la paz y la seguridad mundiales. Fueron Francia, la URSS, Polonia y Australia los principales países instigadores de esta medida. Los Estados Unidos enviaron al subcomité un memorándum en el que se afirmaba que la economía española se encontraba demasiado debilitada como para suponer una amenaza; así, el subcomité no decidió finalmente que el régimen fuese un peligro internacional, aunque sí instó en su dictamen final a la ruptura de relaciones diplomáticas con España. La Resolución 39 (I) de la Asamblea General, aprobada el 12 de diciembre de 1946 con 34 votos a favor, 6 en contra y 13 abstenciones, declaraba que la ONU estaba

convencida de que el gobierno fascista de Franco en España, que fue impuesto por la fuerza al pueblo español, con la ayuda de las potencias del Eje, y que prestó considerable apoyo material a esas potencias durante la contienda, no representa al pueblo español y que su continuado dominio de España hace imposible que ese pueblo participe con los de las Naciones Unidas en los asuntos internacionales.

En consecuencia, recomendaba

prohibir al gobierno de Franco pertenecer a los organismos internacionales creados por las Naciones Unidas o relacionados con ellos [y] que todos los Estados Miembros retiren inmediatamente sus embajadores y ministros plenipotenciarios acreditados en Madrid.

El año 1946 se cerraba así con una dura condena internacional al régimen y con las medidas de repudio diplomático descritas. Pero la cosa no quedaría en una mera exhibición de gestos: mucho más importante a efectos reales resultó la exclusión de España del Plan Marshall. De hecho, la recomendación de la Resolución 39 (I) tendría entre sus consecuencias la de retardar cualquier posibilidad de ayuda económica procedente de Washington, lo cual contribuiría al deterioro de una economía que desde el final de la Guerra Civil encontraba enormes dificultades para sostenerse. En efecto, el gobierno americano había detenido toda forma de ayuda exterior al régimen, negándose a conceder créditos oficiales y prohibiendo que se vendiesen a compradores españoles excedentes de propiedad pública, al tiempo que los entes gubernamentales estadounidenses reducían al mínimo la adquisición de productos españoles. Ello había provocado la retracción del crédito privado y de las exportaciones a España, hechos que vinieron a sumarse al impacto de una cosecha catastrófica y a la circunstancia de que el país había agotado prácticamente las existencias de carburantes líquidos, agravándose el problema por unos retrasos en el suministro de fueloil y gasoil americanos. Así, la situación económica española era francamente crítica en los momentos en que se ofreció a Europa el Plan Marshall.
No es de extrañar que el régimen viese en el Plan de Recuperación Europea la posibilidad de reincorporarse al mundo exterior y la de salir del atolladero económico en que se hallaba. En efecto, desde Madrid se veía en el Plan la posibilidad de España de participar en la reconstrucción europea y por tanto en la distribución de materias y productos intercambiables. Se podría así reactivar el comercio con la parte de Alemania ocupada por los aliados occidentales; acceder a créditos en dólares en una época en que estos eran un bien escaso; adquirir los productos alimentarios de los que tan necesitado estaba el país; importar bienes de equipo; y facilitar en definitiva la recuperación económica y las relaciones comerciales con otros países europeos. Al mismo tiempo, la inclusión en el Plan Marshall minaría las bases del aislamiento diplomático y la actividad de los adversarios del régimen en el seno de la ONU y supondría, es evidente, una clara mejora en las relaciones con los Estados Unidos.
No habría de ser así. Al cabo de un complejo proceso en el que los diplomáticos españoles intentaron gestionar por vías indirectas la inclusión del país en el Plan, las esperanzas del régimen se vieron defraudas al mostrarse los Estados Unidos dispuestos a ello sólo en caso de no tropezar con oposición entre el resto de los países europeos receptores de ayuda. A pesar del exitoso acercamiento de la diplomacia española a países como la Portugal de Salazar, lo cierto es que la mayoría de los futuros beneficiarios del Plan Marshall, y muy significativamente Inglaterra y Francia, no se mostraron dispuestos a colaborar. Así pues, España quedaría definitivamente excluida del maná que habría supuesto la ayuda americana.
Franceses e ingleses mostraron su oposición a la inclusión del país en el Plan de Recuperación, pero lo cierto es que ambos reanudarían ese mismo año sus relaciones comerciales con la España de Franco: en febrero, Francia reabría la frontera con España. Unos meses más tardes, sendos acuerdos comerciales con galos y británicos rompían el cerco exterior: este, en sus manifestaciones más extremas, había durado poco más de año y medio.
En realidad, ni siquiera durante ese tiempo había sido total: en efecto, las amistosas relaciones con la Argentina de Juan Domingo Perón habían deparado al régimen una importantísima ayuda económica ya en 1946. El 30 de octubre de aquel año, España y Argentina firmaban un Convenio Comercial y de Pagos, en virtud del cual España recibía un crédito de 350 millones de pesos destinado a comprar a Argentina 400.000 toneladas de trigo, 120.000 de maíz y otros alimentos y materias primas. Además, Argentina adquiriría corcho, plomo, aceite y manufacturas a precios muy beneficiosos para España.
En lo que respecta a la actitud de ingleses y franceses, la ruptura del cerco comercial por parte de ambos evidenciaba que se habían impuesto en ambos países consideraciones de interés nacional por encima de la repugnancia ideológica que pudieran sentir hacia el régimen franquista. En efecto, tras la Resolución 39 (I) los británicos hicieron todo lo posible por evitar la imposición de sanciones económicas a España, conscientes como eran de que un bloqueo podría comprometer gravemente su propia recuperación. Para el Reino Unido eran esenciales diversas exportaciones de frutas españolas, así como el abastecimiento de potasio y muy especialmente de piritas, ingredientes necesarios para el programa de fertilizantes que el gobierno británico se proponía poner en marcha. Y sobre todo, los británicos compraban a España tres materias primas que habría sido muy difícil sustituir: mineral de hierro para la industria metalúrgica, resina sólida y corcho. A esto se sumaban las relaciones financieras entre ambos países, habida cuenta de las reservas de libras esterlinas que España acumulaba, de los créditos que el país adeudaba al mercado bancario inglés y de la necesidad de asegurar un futuro óptimo a las inversiones inglesas en España. Por otra parte, los cálculos del Economic Intelligence Department parecían augurar que el régimen podría ser capaz de aguantar aun a pesar de producirse un bloqueo que en tal caso resultaría fútil, máxime teniendo en cuenta la ayuda argentina. Estos planteamientos explican la firma de un acuerdo monetario para regular el comercio entre ambos países.
También los franceses tenían fuertes intereses en España, donde las inversiones galas representaban en 1946 la mitad de la inversión extranjera. Además, el cierre de la frontera estaba suponiendo importantes pérdidas en la balanza comercial francesa, que llegaban a la cuantía de 300 millones de pesetas; por añadidura, había impuesto la necesidad de prescindir de determinados alimentos y bebidas tradicionalmente importados de España y la pérdida de un comprador importante de los fosfatos y minerales procedentes del Magreb. Aún más importante era la necesidad de colocar en el mercado español su producción industrial. La conveniencia de reabrir la frontera y de suscribir un acuerdo comercial, tal como se hizo en 1947, era evidente.
El aislamiento internacional, por tanto, no fue nunca completo, y ya en 1947 su existencia resultaba bastante dudosa. Sin embargo, a estas alturas los principales países europeos –a pesar de los acuerdos económicos– aún se mostraban lo suficientemente reacios a mantener relaciones normales con España como para impedir, como de hecho hicieron, su inclusión en el Plan Marshall. El Franquismo se vería por tanto obligado a resistir un poco más. Pero las tornas estaban a punto de cambiar.
En ese cambio de tornas entran la guerra de Corea y las consideraciones estratégicas para un plan de defensa occidental en los momentos más calientes de la Guerra Fría, y los consiguientes pactos de Madrid para la instalación de bases militares estadounidenses en España. Y una ayuda económica que sentó las bases para la puesta en marcha del Plan de Estabilización y para el desarrollismo de los sesenta. Y una España que, viendo mejoradas sus condiciones materiales de vida, no se puede decir exactamente –por más que algunos se empeñen ahora en contarnos lo antifranquista que era este país– que se desviviese por aquello tan abstracto y lejano de la libertad.
Las verdades sobre el ser humano son a veces bastante feas. Pero ahí están.

[Para saber más cabe recomendar, entre otros muchos, a Ángel Viñas y Florentino Portero.]

Grito contenido (o pospuesto)

Esta entrada se ha terminado de escribir a las 20.35 del sábado 8 de marzo. La rabia y la indignación hacen que me cueste callarme. Sin embargo, por respeto a la jornada de reflexión, no se publicará hasta después de cerrarse los colegios electorales.

Hoy sobran motivos para gritar. O para indignarse en silencio, mordiéndose la lengua y tragándose la rabia.

La infame alianza de gobierno de Ezker Batua / Izquierda Unida, de Madrazo y Llamazares y todos los que los secundan, con los asesinos de Isaías Carrasco. Y que encima ahora haya que congratularse de que decidan retirarles su apoyo, como si ANV acabase de revelar lo que es. Como si antes no lo supiéramos. La desvergüenza de quienes ahora se muestran duros y firmes, después de haberles dado sus votos a estos asesinos.

Pie de foto.- En cambio, ser socios de gobierno de los terroristas no afecta en nada a la salud democrática
La alcadesa, cuyo mismo nombre parece una cruel paradoja o una burla despiadada: Inocencia, se llama. Y sus esbirros. Que ella sea alcaldesa y ellos concejales y que entre todos estemos pagándoles, financiando la muerte. Que se tomen unos días libres aprovechando la situación o para quitarse de en medio después de negarse a condenar el atentado (aunque más vomitivo aún habría sido presenciar el espectáculo de que encima andasen condenando hipócritamente el asesinato). Que intentasen poner obstáculos a la instalación de la capilla ardiente en el ayuntamiento. Que la tal Inocencia hubiese pertenecido con anterioridad a Batasuna y aun así esa lista no se impugnase. La indignidad y la indignación.

El editorial cínico e hipócrita hasta dar náuseas de El País, que además de meter cizaña en jornada de reflexión (¿les suena?) parece decidido a reescribir la historia de lo que ocurrió hace cuatro años, inviertiendo los términos y olvidando el terrorista suicida de su propio grupo y los “pásalo” y los ataques a sedes del Partido Popular, los gritos de “asesino” a Aznar y el “merecemos un gobierno que no nos mienta” de Rubalcaba.

COMO CUATRO años atrás, la cita con las urnas llega manchada de sangre por la acción vil del terrorismo, esta vez ejecutada por la mano de un cobarde pistolero de ETA. Como cuatro años atrás, los ciudadanos llegan a la jornada de reflexión acongojados por la sinrazón de la violencia (…)
Sin embargo, como si de una maldición se tratara, al dolor del asesinato del ex concejal socialista Isaías Carrasco se unió anoche, una vez más, para estupefacción y rabia de muchos ciudadanos, la incapacidad de ciertos políticos para estar a la altura de las circunstancias. Como en 2004, el PP vio en el atentado la posibilidad de desgastar al rival y obtener réditos electorales.

Al margen de los niveles de cinismo alcanzados por El País, es cierto que la insistencia del Partido Popular en defender sus posiciones en mitad de lo ocurrido y a dos días de las elecciones resulta como mínimo poco elegante. En realidad, me parece francamente mal. No por el PSOE ni por el gobierno ni porque no tengan razón en este punto en concreto, sino por la familia de la víctima. Y es una actitud muy reprobable, digo, aun a pesar de que una parte de la responsabilidad de ese desmarque la tienen también los defensores del “cordón sanitario”, porque las propuestas del PP –la retirada de la autorización para negociar y la insistencia en que no habrá diálogo político– no parecen precisamente barbaridades. De hecho, el propio PSOE parece (ahora, claro) estar de acuerdo con el espíritu de las mismas: ¿por qué, entonces, se niega a renunciar a ese permiso? ¿Quién intenta arrinconar a quién? En el transcurso de estos cuatro años, ¿quiénes son los que han cambiado de postura en este asunto al albur de las circunstancias?

En fin, me voy por las ramas. Lo que quería decir era otra cosa: me parecen mal o muy mal determinadas actitudes del PP, y creo que como todos ha intentado desde el primer momento barrer para casa [recordemos que el PSOE intentó colar un “vota con todas tus fuerzas” disimulado en el comunicado conjunto de los grupos políticos, y reconozcamos también que las llamadas insistentes a una alta participación no son –no pueden ser– inocentes]… Y sin embargo, qué quieren que les diga: hay reproches que se me hacen pequeños ante otras ofensas de mayor calado y trascendencia.

Ante la vergüenza ajena y el asco que me provocan quienes se prestan a ser socios de gobierno de los asesinos, como ha hecho Izquierda Unida –y no sólo en Mondragón–.

Ante la rabia de saber que tal vez hayamos pagado entre todos esas cinco balas, porque ETA está sentada en las instituciones: sin entrar a valorar intenciones (no soy de las que piensa que el PSOE tenga planes maquiávelicos, pero no hay que ser mala persona para ser un inútil como gobernante), el inmenso error de no haber instado a la ilegalización de ANV en su momento no es precisamente cuestión menor.

Y ante la desvergüenza de un periódico que, ahora sí, ha terminado ya definitivamente de perder cualquier atisbo de credibilidad y de dignidad: para reescribir la Historia ya tenemos a Pío Moa, señores. Ya está bien de tomarnos por imbéciles.

Cabe una última reflexión que, al margen de la indignación, sólo deja un poso de tristeza. Si todos estos son los que por naturaleza deberían ser “los propios”, una se pregunta forzosamente si tendría que renegar de su naturaleza: hay cosas por las que una servidora no puede pasar ni aun tapándose la nariz.
Este país necesita una izquierda digna y votable: alejada del sectarismo de buenos y malos, con la mirada proyectada hacia el futuro y no hacia el pasado, respetuosa con la libertad individual, con sentido de Estado y capaz de dedicarse a algo más que el onanismo ideológico, la autocompasión y la queja amarga. La necesita este país y la necesitamos muchas personas de tendencia socialdemócrata (más o menos marcada), las que aún nos negamos a votar con las vísceras y el instinto y consideramos preferible hacerlo con la cabeza.
¿Es tanto pedir?


[Por cierto: nada de esto es nuevo (aunque en el caso concreto de El País, se superan por momentos). Todo esto era perfectamente visible para quien quisiera verlo, y observaciones en la misma línea, aunque ciertamente en un tono ligeramente más sosegado, llevan mucho tiempo apareciendo en este blog. Quede ello anotado en
previsión de futuras tonterías que haya que oír.]

Aclaro: la única responsable del asesinato del viernes es la banda terrorista ETA. Mis críticas a la política del partido socialista en el gobierno y a la presencia de ANV en las instituciones no implican que esté dispuesta a aceptar ninguna insinuación de lo contrario. Me parece inadmisible, ruin y políticamente abominable cualquier pretensión de atribuir esta muerte –o cualquier otra– al PSOE o a sus votantes (como inadmisible, ruin y abominable era gritarle “asesino” a José María Aznar tras el 11-M).

La triste tradición que se inauguró en este país hace cuatro años continúa, esta vez por otras manos. Pero aunque sean otras son de la misma calaña de hijos de puta.

Ustedes me perdonarán el exabrupto, pero ahora mismo tengo temporalmente interrumpida la capacidad de raciocinio. Sólo me salen la ira, el asco y la vergüenza.

Y la náusea.


La abajo firmante

CONTRATO ÚNICO INDEFINIDO

UN CONTRATO PARA EMPLEARLOS A TODOS. Firma por el contrato único contra la dualidad y la precariedad en el mercado de trabajo.


A diferencia de la memoria, que se confirma y refuerza a sí misma,
la Historia incita al desencanto
con el mundo.
(Tony Judt)


Quien dice Historia dice sacrilegio.
(Tzvetan Todorov)


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