El referente europeo (III): Europeísmo y oposición

En el panorama que describo se estaba produciendo otro fenómeno del que ya he hablado, que es necesario tener presente. Cuanto se hacía en España en el orden de la política antifranquista, tenía caracteres europeos. España era Europa en cuanto era antifranquista. Europa era para nosotros una ventana abierta que nos permitía soñar con la democracia.

Estas palabras de Enrique Tierno Galván ilustran cómo un europeísmo diferente, más completo que la “vocación europea” del Régimen, terminaría por convertirse en factor aglutinante esencial de la oposición al franquismo, aunando en torno al proyecto de integración de España en Europa a prácticamente todo el espectro político español, incluyendo a importantes personajes de la elite franquista. Es el mundo académico el primero en el que aparece la idea europeísta, al fundar José Larraz en 1949 una Sociedad para los Estudios Económicos Españoles dedicada al estudio del proceso de integración europeo. Este grupo generaría ochenta estudios monográficos, los Estudios sobre la Unificación Económica Europea, publicados en 1961. En el mismo año surgen en la Universidad de Zaragoza, por obra del profesor Lacruz Berdejo, el Instituto de Estudios Europeos y el Comité Español para la Liga Europea de Cooperación Económica. Sumados a la publicación de diversos artículos sobre estos temas en medios como la Revista de Estudios Políticos o la Revista de Política Internacional y a la Meditación sobre Europa de Ortega y Gasset, los medios académicos españoles iniciaban una andadura europeísta que habría de ser una constante durante toda la duración del régimen. En estos primeros momentos, no obstante, esta preocupación se manifestaría tan sólo en un interés en el surgimiento de un proyecto europeo que evitaba aludir a la posible problemática política con la que podría encontrarse el régimen.

En los años cincuenta habría de crearse la Asociación Española de Cooperación Europea, que en un principio surgió con una ideología próxima a aquella de la que era depositaria el CEDI. En efecto, aunque nacía vinculada al Movimiento Europeo, la AECE contaba entre sus miembros a elementos fuertemente conservadores y tenía vínculos con los católicos de la ACNP, así como contactos con medios que simpatizaban con la democracia cristiana. Sin embargo, con el tiempo la AECE mostraría una singular evolución que la llevaría a integrar en su seno a personas de ideologías dispares, llegando a haber en la asociación no sólo miembros liberales, sino incluso socialistas. Nacida prácticamente de las elites franquistas, la AECE en 1959 ya había cambiado claramente de sentido, llegando a expresarse en términos de un europeísmo federal y democrático que chocaban fuertemente con las concepciones del régimen.

En aquella década había surgido en paralelo un importante núcleo de actividad europeísta de muy distinta matriz. En efecto, sería Enrique Tierno Galván, entonces catedrático de Derecho Político en la Universidad de Salamanca, el proponente de “doce tesis de funcionalismo europeo” y creador de la Asociación por la Unidad Funcional Europea. El concepto de funcionalismo hacía alusión en este grupo a un método racional de definición del sistema político, identificándose con la construcción de Europa en clave democrática. Formaban parte de este grupo una serie de jóvenes profesores y profesionales en los que se daban cita los principios de libertad, democracia y europeísmo. Esta asociación publicaría desde 1956 una revista titulada Europa a la vista, que sin embargo sería clausurada por el régimen después de sólo tres ediciones. En 1960, Tierno Galván partía hacia el exilio por su actividad opositora.

En el medio académico surgirían también a partir de las revueltas de 1956 diversos grupos clandestinos de universitarios con aspiraciones políticas. Aunque estos grupos presenteban ideologías muy dispares, como cabe colegir tan sólo por sus nombres –Agrupación Socialista Universitaria, Unión Demócrata Cristiana o la monárquica Unión Española–, compartían la voluntad de propiciar una democratización y presentaban en su ideario fuertes convicciones europeístas. Estos grupos, formados por una generación que no había participado en la Guerra Civil, no tenían contacto con la oposición en el exilio –que compartiría los postulados europeístas–.

A través de todos estos núcleos interiores el europeísmo iba cobrando fuerza como factor de unión entre quienes entendían que el régimen debía evolucionar hacia una apertura democrática. Manuel Giménez Fernández, el ex-Ministro de la CEDA, jugaría en la unificación de todas estas tendencias de la oposición interior un papel fundamental. Convencido democristiano, Giménez Fernández fue el creador de la Izquierda Democrática Cristiana (1959), grupo desde el que impulsaría los primeros intentos de entendimiento con los socialistas. Las conversaciones se iniciaron recién fundado el nuevo grupo y, aunque sus frutos definitivos vendrían más tarde, ya entonces se acordó buscar la unidad de todas las fuerzas favorables a la democracia en virtud de un acuerdo que se basaba en el rechazo a la violencia, la democracia y el europeísmo.

También en el exilio sería fundamental el europeísmo como factor aglutinante. Sin embargo, existen diferencias de matiz. Para estos grupos la idea europea no era simplemente una de las bases de su ideario político, sino que constituía ante todo un mecanismo de peso que podía ser utilizado contra el régimen en la escena internacional. Así, dado que la integración europea conllevaba para los aspirantes el requisito de tratarse de países con regímenes democráticos, era una herramienta obvia de la lucha política el presentar al régimen como el principal obstáculo para la participación de España en el proceso de unificación (cosa que, por otra parte, era rigurosamente cierta). El papel fundamental de la oposición exterior lo jugaría sin duda Salvador de Madariaga, uno de los miembros fundadores del Movimiento Europeo surgido en 1948. Madariaga llevaría a cabo diversas iniciativas encaminadas a unificar la oposición aunando antifranquismo y europeísmo. Ante la decisión del Movimiento Europeo de crear consejos de exiliados para aquellos países con regímenes autoritarios, Madariaga impulsaría la creación de una plataforma europea bajo este formato que se convirtiera en punto de encuentro de la oposición.

El europeísmo de los socialistas de PSOE y UGT constituyó en mucha mayor medida un arma para la beligerancia contra el régimen que una convicción firme. Ambos grupos utilizarían las instituciones, partidos y gobiernos europeos como foros ante los cuales llevar a cabo una campaña internacional contra el franquismo. Sin embargo, el socialismo acabaría evolucionando hasta convertir el europeísmo en un elemento ideológico importante al apoyar la construcción europea con vistas a que se crease así un foco de poder alternativo al de las dos superpotencias.

Será en 1962 cuando el Congreso –o “contubernio”– de Munich vea confluir estas tendencias, que se materializaban así en un programa real en el que democracia y europeísmo quedaban inextricablemente ligados. Pero eso lo dejamos para otro momento.

[Este artículo es fundamentalmente deudor de las obras de Julio Crespo Maclennan y María Teresa La Porte]

También en Lorem Ipsum.

2 Responses to “El referente europeo (III): Europeísmo y oposición”


  1. 1 Manuel 23 julio 2008 a las 10:38

    Magnífico post.Te felicito

  2. 2 Anonymous 18 diciembre 2008 a las 0:38

    Hola; solo para decirte que he citado tu articulo (a traves de lorem ipsum) en el de wikipedia “Conservadurismo”, seccion “Conservadurismo en España” (a fin de resumir la transformacion politica durante la dictadura de Franco) saludos Jaime


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