Proselitismo ateo

Una de las tendencias más molestas de buena parte de los grupos religiosos ha sido siempre su afán por convertir a los infieles a sus verdades reveladas. Aparte de haber servido de justificación ideológica al poder para emprender acciones no siempre puras y alabables en numerosas ocasiones a lo largo de la historia, el proselitismo religioso suele constituir cuando menos una fastidiosa intromisión en el ámbito de unas convicciones individuales en las que nadie tiene por qué meterse. Independientemente de lo cómico que puede resultar desde una mirada cínica y descreída, lo cierto es que en última instancia es casi indignante la voluntad de algunos de decirles a los demás lo que tienen que creer, máxime cuando se trata de cuestiones para las que no hay prueba empírica alguna.

En los últimos tiempos asistimos a una curiosa vuelta de tuerca en este ámbito, habiéndose producido una especie de “salida del armario” de ateos y/o agnósticos que proclaman un derecho a la visibilidad hipotéticamente reprimido o, si se quiere, autocensurado. Es altamente probable que al decir esto me gane las iras de buena parte de las personas con las que comparto [des]creencia, pero el caso es que no acabo de comprender campañas como las de la A atea de la campaña OUT encabezada por el celebrado Dawkins. De un lado, por un reparo que muchos calificarían de meramente estético: mi habitual alergia a las etiquetas hace que no vea grandes diferencias entre llevar una camiseta con la elegante A estampada y llevar un pin del Ché Guevara. De otro, porque me parece vislumbrar en el fondo de este movimiento una caída en ese gregarismo que constituye una de las caras más negativas de toda religión, así como una presunción de afinidad entre descreídos en la que subyace una especie de unidimensionalidad que no tiene poco de posmoderna.


La última acción en esta línea, como se sabe, ha sido la de los autobuses ateos que ya pueblan las calles de algunas ciudades españolas. Vaya por delante que no sólo no niego, sino que defiendo enérgicamente, la legitimidad y el derecho que asiste a quienes impulsan esta campaña. Lo cierto es que incluso me parece una iniciativa simpática y que probablemente me despertaría una sonrisa el ver pasar un autobús de estos. Y sin embargo no termino de compartirla, quizá porque la teórica racionalidad que en principio debería caracterizar a los ateos (primer error, claramente) no parece encajar demasiado bien con una iniciativa de este tipo. Personalmente, no veo ni la necesidad ni la utilidad de caer en los vicios de los grupos a los que siempre he criticado; ni siquiera veo la necesidad ni la lógica de considerarme parte de un “grupo” social constituido por el conjunto de los descreídos, con quienes a menudo no tendré nada en común más allá de esa falta de creencia en un ser superior. Ni falta que hace, por cierto. Y qué decir de la mentalidad adolescente a la que todo esto recuerda levemente: esa voluntad de épater les bourgeois, pretendidamente rebelde y revolucionaria, que tan bien sienta a determinadas conciencias y tan escaso efecto tiene sobre el mundo real. ¿O acaso alguien cree realmente que esos carteles van a convencer a los creyentes de que deben abandonar su fe, por irracional que sea ésta? En última instancia, reconozcámoslo, esto sirve para poco más que para divertir a los propios escandalizando a los ajenos.

Lo cual, dicho sea de paso, no tiene por qué tener nada de malo. Pero no lo disfracemos de otra cosa.

10 Responses to “Proselitismo ateo”


  1. 1 Jose 19 febrero 2009 a las 9:22

    Suscribo bastante tu articulo (ya era hora que estuvieramos casi de acuerdo🙂 ). Esta campaña me parece lo mismo que esas feministas que para demostrar la igualdad caen en los mismos errores “superiorizantes” de la masculinidad ramplona.

  2. 2 Eliahh 19 febrero 2009 a las 18:40

    Pensaba que ibas a ir por otro lado… pero la verdad es que estoy de acuerdo contigo.Cuando vi en la tele la noticia de los autobuses, me pareció simpática, pero a la vez me recordó a la dichosa manía de colgar postérs de la Virgen y Crucifijos en clase en mi colegio (público), y cómo me peleé porque fuera un sitio libre de símbolos de cualquier tipo.Si yo con 11 años entendí que darle la vuelta a la cruz no iba a ser la solución, sino que lo iba a empeorar, me sorprende que gente adulta (y con dinero, porque la publicidad vale mucho, mucho dinero) no se dé cuenta todavía de que el respeto es respeto, no intromisión.Un besico.

  3. 3 w 19 febrero 2009 a las 20:08

    óle.(no suelo dejar comentarios, pero esta vez…no me puedo resistir).p.s. ya hay quien opina igual y creó esta página:http://ruletheweb.co.uk/b3ta/bus/

  4. 4 Teddy Earley 20 febrero 2009 a las 11:21

    Creo que en el fondo la cuestión es qué actitud mostrar frente a la superstición en el espacio público y desde un pensamiento racionalista. La campaña arranca de esa pregunta y me parece que apunta en la dirección correcta: sin perder el respeto al otro, carece de sentido una absoluta condescendencia con los rigores de la magia. “Probablemente ni los “pueblos” existen ni las patrias nos convienen. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Llegado el caso, también contribuiría gustosamente a esta campaña imaginaria. No percibo una diferencia sustancial con la otra y, sin embargo, sospecho que despertaría menos controversia entre los no nacionalistas que la que parece despertar la auténtica entre los no creyentes.Siempre es un placer pasar por su blog.

  5. 5 Eduardo 20 febrero 2009 a las 14:27

    El objetivo de la campaña es hacer visible un grupo social empleando estrategias de la cultura mediática. ¿Los grupos racionalistas no pueden emplear este tipo de medios? ¿Se los dejamos, pues, a los grupos religiosos o de otro tipo en exclusiva?Últimamente se ha puesto de moda intentar denigrar a Dawkins como un vulgar propagandista. Es bastante increíble que muchos intelectuales se hayan tragado esta contrapropaganda tan vulgar. ¿Creerán que la cátedra de Public Understanding of science de Oxford se sortea en una tómbola y por casualidad le tocó? …Bueno, como dice un amigo, yo también creo que Richard Dawkins puede ser fácilmente una de las mentes más brillantes de nuestra generación. La campaña Stand out ha tenido un gran éxito mediático y en parte esto se debe a la capacidad personal de Dawkins para la comunicación. Esto de lo de los autobuses no es más que la expresión popular, folklórica, de un amplio y profundo movimiento que está detrás, y no se puede tachar del mapa como simple “proselitismo”. Pero los efectos tanto de la campaña como de los millones de libros vendidos, o las conferencias y eventos científicos por todo el mundo ni mucho menos han dejado de tener un impacto sobre el “mundo real”. Todo lo contrario, precisamente porque el impacto está siendo enorme, hay una gran cantidad de publicaciones, reacciones y respuestas.

  6. 6 Irene 20 febrero 2009 a las 16:30

    Eduardo, no me malinterpretes. Una de las cosas que he procurado dejar claras es que me parece perfectamente legítima la campaña. Y claro que los racionalistas tienen tanto derecho a hacer uso de la cultura mediática como los demás. Lo que pasa es que sencillamente no me gusta, por los motivos que he expuesto y a pesar de que me resulte inevitablemente simpática. Por lo demás, lo de denigrar a Dawkins por esto me parece, en efecto, absurdo. Aunque tengo un conocimiento algo superficial de su trabajo (especialmente en comparación con el tuyo), por lo que sé me parece absolutamente brillante. Eso no significa que tenga que gustarme todo lo que hace, aun cuando estoy de acuerdo con la mayor parte de lo que dice (es difícil no estarlo); cuando hablo de él como “el celebrado Dawkins” (y digo esto porque me da la impresión, no sé si me equivoco, de que eso ha podido irritarte especialmente) me refiero precisamente a eso: a que a veces tengo la sensación de que alguna gente está de acuerdo con él “por defecto” y a que se ha convertido en una especie de ídolo mediático-intelectual, lo que tampoco me parece. No por nada: no es que no crea que tiene méritos como para despertar una gran admiración –justo lo contrario–, sino porque en general no me gustan demasiado esos fenómenos y lealtades.Por otra parte, lo del autobús puede ser la parte más “folclórica” de un movimiento mucho más profundo y más amplio, pero es que en general creo que hay una distancia entre dar difusión a la ciencia e intentar convencer a la gente de una creencia… o de una anticreencia. Me dirás que hay una diferencia entre esto y el proselitismo porque científicamente no hay nada que permita pensar que exista algún tipo de ser supremo, y la verdad es que yo personalmente estoy totalmente de acuerdo con eso y percibo el salto cualitativo, pero en última instancia tampoco hay prueba empírica alguna de que semejante “algo” no exista. A lo que yo iba es a que si me cabrean los carteles que intentan convencerme de que Dios existe, como si además fuera algo que yo tuviera que interiorizar para poder llevar una vida plena, a la hora de la verdad no debe resultar menos cabreante que alguien intente convencerte de lo contrario y con un mecanismo similar: como si estar convencido de la no-existencia de dios fuera algo necesario para disfrutar de la vida.El mecanismo que lleva a esa lógica lo entiendo perfectamente en abstracto, pero la realidad lo refuta a menudo: conozco a multitud de creyentes en sus diversas modalidades que no son menos felices por ello –a menudo lo son más–, que no hacen daño a nadie por serlo, y que además son perfectamente capaces de trazar una línea entre esa esfera y la científica, a menudo interesándose más por la ciencia y sus últimos desarrollos de lo que lo hace la racionalista que suscribe. ¿Que eso es incoherente? Ya. Y eso a veces mosquea, lo sé. Aunque tal vez en el fondo todos lo seamos, a veces (unos más y otros menos, claro). Ahm, es evidente que todo esto tiene repercusión mediática, pero entre eso y que realmente vaya a convencer a nadie –salvo a los ya convencidos– media una distancia bastante considerable.

  7. 7 my blue eye 22 febrero 2009 a las 18:07

    No estoy de acuerdo contigo, aunque intuyo que, en el fondo, coincidimos. Es decir, no estoy de acuerdo con el contenido fundamental de tu artículo: la acusación de proselitismo a la A y a los “autobuses ateos”, que han caído en la predicación de aquello que atacan y que, por ello mismo, no pueden presumir de racionalidad frente a las religiones. Los “autobuses ateos” responden a una campaña de una asociación ciudadana con pleno derecho a publicitar sus opiniones. Ya sé que dices que la campaña es legítima, pero también es cierto que te molesta por su proselitismo y arrogancia moral (Dios no existe así que haz muchas fiestas). Esto no significa que tengan razón, o que no la tengan, pero tampoco les sitúa en el mismo sitio que a la Iglesia cuando dice que esto es una blasfemia. La realidad es que, frente a las tendencias evangelizadoras de la Iglesia, lo que pretende esta campaña es provocar un debate público no tanto sobre Dios cuanto sobre la religión y su influencia en las sociedades. Por supuesto, podremos rasgarnos las minifaldas al descubrir en nuestros camaradas escépticos un instinto despótico, que quiere obligar a los pobres y simpáticos creyentes a olvidarse de sus creencias y a disfrutar la vida como hacemos nosotros, los estupendos juerguistas de la izquierda francmasónica😉. Pero a mí este escándalo me parece que hierra el tiro, porque el verdadero público de la campaña es otro, y va dirigido a los enardecidos que están dispuestos a soportar y a permitir cualquier tipo de despotismo religioso; no a convencerles, sino a que entren en la discusión y expongan sus (a menudo) pobres argumentos; a exigirles que tomen postura sobre el espacio público y las leyes que queremos para todos, y sobre el papel que la religión ha de tener en él.Lo mismo pienso que significa la A. Ya sabemos dónde se encuentra el caballo de batalla: en la educación. No podemos exigir una discusión racional de la creencia religiosa si no somos capaces de despojar al ateísmo de sus connotaciones trágico-nihilistas, negadoras de toda moral. Traerlo a la luz, “sacarlo del armario” según Dawkins, es una manera de hacerlo, y a mí no me parece tan mala.

  8. 8 Eduardo 22 febrero 2009 a las 19:19

    si no somos capaces de despojar al ateísmo de sus connotaciones trágico-nihilistas, negadoras de toda moral.De hecho este es un cliché todavía persistente, probablmente porque los mismos intelectuales “de letras” en el continente han asociado su propio ateísmo con autores trágicocómicos del tipo de Nietzsche o Cioran. Los mismos teólogos suelen citar “con toda normalidad” a Nietzsche, una especie de filósofo con el que se sienten muy cómodos para perpetuar arquetipos convenientes, pero anticuados e insignificantes si uno se sitúa en un naturalismo más científico, del tipo de Dawkins.

  9. 9 Lüzbel 23 febrero 2009 a las 20:56

    “En última instancia, reconozcámoslo, esto sirve para poco más que para divertir a los propios escandalizando a los ajenos.Lo cual, dicho sea de paso, no tiene por qué tener nada de malo.”O, si fuera nada más eso, podría tener bastante de bueno.

  10. 10 Juan Carlos Alonso 27 julio 2009 a las 0:54

    Irene..El sentido de la campaña,mas allá de todo lo que hay detràs(que señala eduardo), me parece que es justamente este, echar el tema sobre la mesa para que se discutido en un ámbito más popular..nadie va a cambiar sus creencias pero hay mucha gente que se lo está replanteando.El ateismo es un aspecto en la vida de cada uno y como vos decís no quiere decir que porque vos seas atea y yo también lo sea tengamos que ser afines en otras cosas..pero hay que tener en cuenta que es un punto muy importante menos de discucion pra empezar a ponerse más de acuerdo. Como bien dice Dawkinshoy sabemos que una roca está compuesta en su mayoria por espacio vacio, pero nuestros cerebros estan preparados para percibirla de una manera útil, o sea verla como un sólido.Con esto quiero decir que el esceptisismo tenemos que equilibrarlo para nuestra utilidad hoy…saludos


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