Represión de la Memoria

Recién iniciada la guerra civil, la vigilancia cultural que sería consustancial al franquismo –especialmente en su primera época– comenzaría a materializarse en la Sevilla de Queipo en un bando, emitido el 4 de septiembre de 1936 por el entonces jefe del Ejército del Sur, que declaraba “ilícitos el comercio, circulación, producción y tenencia de libros, periódicos, folletos y toda clase de impresos pornográficos o de literatura socialista, comunista, libertaria, y en general, disolvente” y señalaba que la medida era aplicable, entre otros, a “los particulares y entidades y Corporaciones”. El bando estipulaba la entrega a la autoridad militar de los libros prohibidos, entre los que se incluían no sólo aquellos de contenido claramente político, sino también aquellas obras literarias de autores considerados sospechosos por el régimen, categoría que en un momento dado podía ser todo lo amplia que se quisiera. En virtud de la represión cultural llevada a cabo por el franquismo, algunas de las figuras más brillantes del panorama literario español quedarían borradas de la vida cultural española durante años.

Ahora, por lo visto, se trata de hacer exactamente lo contrario –o exactamente lo mismo, según se mire–. Ya no se prohiben ni requisan libros (al menos de momento), pero se hace uso de otros medios para legitimar por razones políticas, y no literarias, una censura a la figura de determinados autores. Se les olvidan además, a los camaradas de Izquierda Unida, no sólo las consideraciones más elementales acerca de la libertad de expresión –no es del todo de extrañar: la dictadura de lo políticamente correcto es lo que tiene, y las credenciales democráticas de los antecesores ideológicos de IU no es que sean para hacerles una fiesta–, sino también el hecho clave de que las cosas, generalmente, no son tan blancas ni tan negras. Agustín de Foxá era amigo de José Antonio. Y el tan manoseado Federico García Lorca lo era de Luis Rosales.

Los dos, en cualquier caso, eran escritores.

Y que tengan el cinismo de hablarnos de “los cuarenta años de represión de la memoria”. Se ve que hemos pasado de una represión de la memoria, con la memoria como víctima, a una represión de la Memoria [Histórica], con esta nueva Memoria oficial como agente.

Este es el mismo Ayuntamiento, incidentalmente, del Aula de la Memoria Histórica Convenientemente Retocada. El mismo que financia con dinero público homenajes a la Cuba castrista.

3 Responses to “Represión de la Memoria”


  1. 1 Anonymous 8 octubre 2009 a las 17:40

    1. Es un insulto a los que sufrieron y sufren censura llamar a la negación de un centro cívico y de gestión pública censura. La represión, la censura y la falta de libertad de expresión no se da cuando un ayuntamiento no te presta sus instalaciones, se da cuando te persiguen por ellos.2. Es faltar a la verdad comparar la persecución por la posesión de determinado material no ya su exposición y mucho menos al amparo de la administración con esto. Supongo que siente cierto alivio espiritual cuando se ve capaz de criticar al franquismo, debe de ser todo un logro aunque medie una brutal manipulación y a la postre justificación ya que parece que nos quiere decir que la represión franquista es comparable a esto.3. El acto dice su propia noticia que se pudo desarrollar fuera, extraña censura y persecución esta.3. Con esto dicho me parece mal, si hay un centro cívico que lo use quien lo pida en tiempo y forma. Sin embargo me llama la atención la justificación de que podría haber "apología del franquismo", es curioso porque en este mismo país recientemente se ha puesto de moda que cuando "puede haber" apología del terrorismo las manifestaciones son ilegales, no es que se niegue un centro cívico, es que les persiguen y encarcelan.4. Solo pido coherencia, me parece mal que cualquier tipo de apología sea delito y mucho más que su posibilidad se use para la represión (cosas de creer en la libertad de expresión) pero también me revienta la hipocresía de quien habla de represión por la negación de un centro cívico y calla ante la persecución y encarcelamiento de otros.

  2. 2 Eliahh 9 octubre 2009 a las 22:12

    Señora Sánchez, le exigo que su próxima entrada al blog sirva para ilustrarnos sobre la Historia del Ateneo de Sevilla.Bueno, por favor.

  3. 3 Irene 10 octubre 2009 a las 10:18

    Anónimo, cómo no. Hay cosas que no fallan. Estoy harta de decir lo del argumento ad hominem, pero bueno: supongamos que el latín es muy complicado y hagamos una excepción.Tiene usted razón: me supone un enorme alivio espiritual el criticar al franquismo, sí señor, aunque confieso que inmediatamente después de escribir este post fui a pedirle perdón al Generalísimo haciendo acto de penitencia mediante una peregrinación al Valle de los Caídos. Pero con esta crítica puedo sentirme pura y legitimada ante los paladines de lo políticamente correcto y de esa contradicción en los términos que se llama "memoria histórica". Igual, si sigo fingiendo, hasta me expiden el carnet de demócrata algún día. En mi infinita hipocresía, nada me haría más feliz.Pero, la verdad, me asombra ese análisis: estrictamente hablando, yo no he criticado al franquismo en ningún momento (lo que sin duda me delata: esa engañosa ambivalencia de los socialfascistas, como siempre). Me he limitado a describir una situación que se dio a partir de la guerra civil. En cambio, sí he criticado a Izquierda Unida. Debería usted ser más sutil en sus críticas, buen hombre (o mujer). Ya puestos, igual hasta podríamos conseguir que se me prohibiera hablar en cualquier edificio público (pero eso no sería censura, recordemos, porque para eso tendrían que encarcelarme. Como hacen con los pobres y sufridos batasunos, injustamente perseguidos "por sus ideas").


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