¡Internet nos come! De las relaciones personales a la Universidad

Me interesa el futuro porque es donde voy a pasar el resto de mi vida. (Woody Allen)

Menos internet y más cara a cara. (El País, 5 de enero de 2009)

Es ya moneda común encontrarse en la prensa española con presuntos reportajes que no sólo dejan mucho que desear en términos de solvencia intelectual y de argumentación, sino que adolecen de una notable falta de conocimiento de la realidad a la que se refieren. Esto es especialmente patente cada vez que los medios tradicionales se ponen a hablar de nuevas tecnologías, redes sociales y dospuntocerismo en general. Como muestra, el inenarrable botón que acabo de descubrir precisamente gracias a uno de esos instrumentos del maligno enviados para destruir nuestras relaciones personales en la era de la tan-sólo-aparente comunicación: Twitter.

Se pregunta el autor si Internet amenaza el contacto real. Y para responder a semejante pregunta, recurre a una ingente bibliografía sobre el particular: (1) un libro sobre el cual me resulta imposible opinar (pero que espero que ofrezca más que lo que nuestro periodista parece haber extraído de él) y, atención, (2) su acreditada experiencia en el sector de los social media: “Yo me apunté a Facebook recientemente”, nos asegura. En palabras de @Yoriento, periodismo de investigación si alguna vez lo hubo.

El artículo, que tal vez no merecería siquiera comentario si una no se hubiera dejado llevar por cierto grado de indignación ante la ignorancia demostrada, resulta sin embargo de interés en la medida en que es un buen exponente de un discurso que en absoluto es marginal. Y que tampoco es nuevo: esto es tan antiguo como el miedo a lo desconocido que ha alimentado siempre las actitudes reaccionarias en su sentido más puro. En el caso de España, esto es particularmente lacerante: el que inventen ellos no parece haber dejado nunca de ser nuestro lema. Si el diario más prestigioso de este país es capaz de dar espacio entre sus páginas a blandas diatribas antitecnológicas de este calibre, no sé de qué nos sorprendemos: no es que esta gente no vislumbre el futuro, es que nuestro mejor periódico ni siquiera conoce el presente.

El tema da de sí, y hay gente a diario haciéndose preguntas muchas veces (que no siempre, claro) pertinentes e interesantes acerca de la utilidad de las redes sociales en particular y de Internet en general. Como la hay evaluando sus riesgos y los problemas que plantea, tanto para la sociedad en su conjunto como en determinados sectores en particular. Y sin embargo, El País hace un viaje en el tiempo (desde el pasado, claro) para venir a anunciarnos la mala noticia (sic) de que el consumo de Internet no para de crecer, especialmente entre los jóvenes. Acabáramos. Quién lo iba a decir.

Y lo que es más: cada no sé cuántos minutos que se pasan en Internet suponen no sé cuántos minutos que se pierden de relaciones personales. Porque he aquí el quid de la cuestión: las relaciones con otras personas que se mantienen vía Internet no son relaciones personales (?!). La descripción que sigue de las relaciones que se mantienen vía Messenger (al parecer, una gran novedad) es sencillamente de risa. Por no hablar de Facebook. Por lo visto, los jóvenes “se desnudan” ante sus semejantes (no, no se refiere al cíbersexo) vía Messenger, pero no saben hacerlo cara a cara. Y, pese a ello, estas relaciones no son personales (no dejes que la coherencia te estropee un gran artículo). Por no hablar de que esto es un gran cambio propio de la nueva era: como todos sabemos, nadie ha escrito nunca cartas porque resultara más fácil expresar según qué cosas por escrito. Y el summum: “sólo cara a cara hay certeza de sinceridad en lo que se dice”. Ajá: la mentira, señores, es un invento del siglo XXI.

Lo grave es que nada de esto resulta del todo desconcertante: no hay más que darse un paseo por las –mayoritariamente desastrosas– ediciones digitales de nuestros diarios para comprender que la muerte del periódico en papel no está llevándoles a una apuesta por un cambio de modelo. Y no es extraño, por tanto, el recelo. No lo es, además, porque no se trata tan sólo de un grupo de interés que protege un coto que hasta hace poco había sido suyo: antes al contrario, esta actitud ante Internet es algo muy extendido, particularmente entre quienes menos lo utilizan o menos partido sacan a las posibilidades que ofrece.

El precio, al final, lo pagamos todos: desde la absoluta inadecuación y la escasa facilidad de navegación que presenta cualquier web institucional española, pasando por las infernales aplicaciones con las que tiene que pelearse el ciudadano cada vez que un ministerio decide ser innovador (para a continuación, por norma general, tener que repetir buena parte del proceso en papel, con lo que no se entiende cuál es el propósito de la informatización), hasta las infinitas direcciones de correo electrónico o formularios de envio de preguntas a los que jamás responde nadie; con todo ello estamos ya más que familiarizados.

No queda ahí la cosa: el recelo no es menor entre quienes más afán deberían tener por incorporarse al uso de toda una serie de herramientas que tanto facilitan la difusión del conocimiento y la colaboración para profundizar en el mismo. La presencia en Internet de las universidades españolas –esos templos del saber– es, por lo general, francamente lamentable. La infrautilización o, en muchos casos, el absoluto desconocimiento de las ya-no-tan-nuevas tecnologías y formas de relación afectan no sólo a particulares, sino a empresas y a instituciones. Dialnet, la más importante base de datos de artículos científicos en español, tiene un sistema de búsquedas que se podría calificar de primitivo si somos muy generosos. Con honrosas excepciones, el número de blogs y páginas webs de investigadores españoles es ínfimo, y en la mayor parte de los casos la última actualización es de hace años, por no entrar en lo escueto de la información que ofrecen. La mayor parte de grupos de investigación ni siquiera aparecen en Internet, salvo, tal vez, alguna somera mención. Adentrarse en Academia.edu en busca de investigadores españoles es darse de bruces con un páramo desolador.

Construir redes de colaboración nunca fue tan fácil. Ni tan necesario. Pero nosotros, a lo nuestro: lamentando el trágico ocaso de las relaciones personales.

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9 Responses to “¡Internet nos come! De las relaciones personales a la Universidad”


  1. 1 Lüzbel 5 enero 2010 a las 19:04

    Por lo que me toca, Goleman es un cuentista profesional, que basándose en cháchara bien vendida se ha hecho rico. ¿Aportaciones serias al estudio de las emociones? Ninguna o casi ninguna: se siente muy agusto vendiendo libros a gente que no es psicóloga, psiquiatra o neuróloga, pero incomodísimo en discusiones con gente especialista en el tema. Un fraude de los grandes.

    Por lo demás, los miedos ridículos de cierta casta periodística hacia la tecnología son legión. Ahí tienes a Carlos Boyero, que más de una vez ha reconocido que él un ordenador no lo ha tocado nunca, y que los chat con los lectores se los escribe otra persona. La mayoría no llega a tanto, pero leerles sobre internet o los blogs da la sensación de que viven en otro mundo, como cuando en los 50 la gente mayor veía en el rock al demonio y al comunismo. No es sólo que les pille tarde: es que no quieren adaptarse. Ellos lo valen. O no.

  2. 2 bordesinremedio 6 enero 2010 a las 13:49

    Nada más que escribo para decirte que estoy totalmente de acuerdo con la última parte de tu entrada en lo tocante a la universidad. Con el resto también, pero la parte de la universidad me toca más porque lo que tu expresas es algo que ya llevaba viendo durante un tiempo y que me pone de los nervios. Sólo hay que comparar cualquier web de una universidad media americana, ojo, no las Ivy, sino media y cualquier departamento y profesor tiene su web, con su CV y demás. Como bien has descrito, aquí esto ni se estila ni va con ellos. Dentro de las honrosas excepciones señalaría las universidades de Barcelona, especialmente la Pompeu Fabra.

  3. 3 dA 6 enero 2010 a las 21:28

    Adaptarse a los nuevos tiempos es complicado y más a ciertas edades cuando lo que buscas es que todo se mantenga tal y como siempre lo has conocido. Es normal que desde el desconocimiento que este hombre pueda tener de las redes sociales y los chats cometa errores y dé por sentado ciertos tópicos que recorren la cabeza de muchos de nuestros padres pero, ¿no es cierto que muchos de nosotros hemos estado enganchados alguna vez al messenguer e incluso a alguna red social?. Tampoco es plan de volver a una vida alejada de la tecnología pero las recomendaciones que comenta al final del artículo me parecen bastante bien.

    Un besito pequeña!

  4. 4 Eduardo 7 enero 2010 a las 3:28

    La relación de la universidad con internet es desoladora, en efecto. Y no es solo un problema de las universidades, la mayoria de las paginas sobre asociaciones academicas, revistas e instituciones científicas españolas no tienen un triste boletín de noticias al que suscribirse (de Twitter ya ni hablamos), por lo que es prácticamente imposible enterarse si un investigador hispano hace algo interesante. Todo esto por desgracia esta convirtiendo al español en un idioma de uso local y familiar, folklorico, sin ninguna relación con el mundo académico o científico real.

  5. 5 Irene Sánchez 13 marzo 2010 a las 20:42

    En respuesta a Carlos:

    Creo que la cuestión no es si hay gente que hace un mal uso de Internet. Claro que la hay, aunque habría que preguntarse si esa misma gente no haría el mismo mal uso de muchas otras cosas: tiendo a pensar que el problema no es la tecnología, sino las personas. En el caso de adolescentes, para eso están los padres, pero también es verdad que eso de que se pierden “capacidades para relacionarse” es muy relativo, y aquí sí que hablo por experiencia: hay relaciones en las que se profundiza mucho a través de Internet y en las que, en persona, probablemente no resultaría tan sencillo ahondar.

    En cualquier caso, mi principal queja era que resulta lamentable que a la repetición de lugares comunes (lo mismo a favor que en contra: en realidad me da igual) lo llamen “reportaje” en el periódico más prestigioso de este país. Ese es el periodismo que tenemos, reflejo –claro está– del país que tenemos. Por no hablar de la fobia generalizada a la tecnología por parte de gente bastante desinformada (me remito a eso de “me acabo de crear una cuenta en Facebook”: eso descalifica automáticamente a quien firma el artículo, que en teoría debería tener un conocimiento mínimamente profundo de aquello de lo que está hablando).

    Por otra parte, no sé qué motivos habría para esperar otra cosa…

  6. 6 Carlos Fdez. Ocón 24 marzo 2010 a las 21:07

    Irene, pues yo “me acabo de crear un blog”. Y aunque creo que estoy bastante informado “debo tener un conocimiento menos que mínimamente profundo de internet”. Pienso que un jardinero, con solo el graduado escolar, puede y debe intentar hacer cosas aunque llegue a esas poco preparado o mucho menos preparado que otros.
    Tarde o no tarde, volveré por aquí. Saludos. (y besos, claro que sí)

  7. 7 Irene Sánchez 24 marzo 2010 a las 21:15

    Pues claro que sí. Pero supongo que no esperarías que El País te llamara (ni a ti ni a mí, ¿eh?) en calidad de experto en estos asuntos para escribir un reportaje. Igual que no esperaría que llamaran a un informático para un reportaje sobre técnicas de jardinería. Me quejo de eso, no de otra cosa: ese reportaje no era una entrada en un blog de a pie como este y los de al lado, sino un artículo aparecido en el más importante diario de este país. Digo yo que lo suyo sería que buscaran a gente que sabe lo que dice y tiene experiencia en el campo (este o el que sea).

    Por lo demás, todo lo contrario a lo que insinúas: a mí que la gente se asome a Internet me parece fantástico, además de necesario. Sin caer tampoco en eso de exaltar sus virtudes hasta el absurdo y pensar que nos va a convertir por sí misma en mejores ciudadanos, está claro que es una herramienta formidable.

    Un abrazo😉

  8. 8 Carlos Fdez. Ocón 25 marzo 2010 a las 21:05

    Pues tienes toda la razón. Me parece que te he leído como odio que lean algunos, no entendiendo LO QUE SE DICE realmente. Sorry

  9. 9 Irene Sánchez 25 marzo 2010 a las 21:13

    No problem, si para eso están las aclaraciones😉


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