Archive for the 'Chorradas' Category

El placer está en tus manos

No, si al final va a resultar que una servidora era una visionaria. Nunca subestimes la capacidad de las administraciones púb[l]icas para sorprendernos.

Los españoles no leían: hablaban

La supervivencia del pueblo como unidad social y económica dependía de las malas carreteras y de la deficiente educación política. Es un factor significativo ya que afectaba a una gran porción de la población de España y porque las condiciones que le daban su fuerza persistieron hasta hace relativamente poco. Aislado del mundo exterior, el español precisaba de una vida social que llenase su intimidad, y la necesitaba así, en parte por constituir tema inagotable de conversación. Los españoles no leían: hablaban.[1] En los siglos XVIII y XIX la manifestación más destacada de la vida social era la tertulia, es decir, el grupo de amigos o conocidos que se reunía habitualmente por la tarde para conversar. Las Sociedades Económicas del siglo XVIII nacieron de una tertulia de vascos acomodados y todavía en el siglo XX la conversación sigue siendo el eje en torno al que gira la vida intelectual.[2] Cada fracción disidente del liberalismo tenía su epicentro en un velador de café. Los hombres públicos españoles del siglo XIX ponían en la discusión de las crisis políticas la misma minuciosidad sentida que pone una familia en debatir sus asuntos o la aldea en sus chismes.

1. “Se leen pocos libros” (Townsend, Travels, II, 154). Sin ánimo de agraviar a nadie, la escasez de libros en las casas acomodadas de España es asombrosa, y es que los españoles –que conste que no pretendo juzgarlos– opinan que tienen algo mejor que hacer. No me extrañaría que buena parte de España pasara sin transición de la era sin libros a la era de la televisión, como los países de América del Sur.
2. En la excesiva importancia atribuida al intercambio verbal y al periodismo radicaba una de las principales debilidades de la vida intelectual española: la conversación era uno de los pilares de la obra de Ortega y Gasset.

Raymond Carr, España, 1808-1939. Barcelona: Ariel, 1968. Pp. 71-72

Me he tenido que reír con el amigo Carr. Algunas cosas, por lo visto, no cambian nunca. Al final, se nos va la fuerza por la boca y seguimos arreglando el mundo desde todas las cafeterías. Y si no, que me digan qué es este blog, y los de al lado.

Sevilla 2016

Quienes vivimos en Sevilla hemos tenido ocasión en las últimas semanas de asistir a una campaña en contra de la candidatura madrileña a ser sede olímpica en 2016 que no deja de resultar, cuando menos, reveladora. Según leo, el mismo logotipo se ha utilizado también en la propia capital, aunque en aquel caso la campaña tenía un sentido claramente distinto, y no es a eso a lo que voy ahora mismo. De hecho, no tengo datos suficientes para juzgar la conveniencia o no de que se hubieran llegado a celebrar allí las olimpiadas; personalmente, me habría gustado, pero ni me iba la vida en ello ni pensaba realmente que fuera a ser posible. También desde Cataluña (espero que se me perdona la ofensiva grafía elegida) se ha enarbolado este símbolo, aunque en esta ocasión con el típico “argumentario” político que ustedes podrán fácilmente imaginar y que tan cansino resulta ya.

Pero hoy me quedo en lo local. Lo que me ha resultado interesante de la campaña sevillana es todo lo que permite vislumbrar, respecto a esta ciudad, acerca de esa cosa que ha dado en llamarse idiosincrasia. Rasgos que quedan bien retratados y que, por lo demás, no dejan de ser endémicos y probablemente extrapolables al resto del país. La esencia del movimiento venía a ser un “a Madrid que le den, que nos robaron la candidatura olímpica”. Toda una muestra de esa tendencia tan nuestra a despreciar cualquier valoración del esfuerzo y de la competición por lograr ser el mejor, en aras de una difusa y poca definida noción de lealtad que, a juzgar por lo que se oye últimamente, debe consistir en un equivalente pretendidamente adulto al clásico “yo me lo he pedido primen” de cuando nos disputábamos con nuestros hermanos el asiento delantero del coche. El mérito y el hacer las cosas bien, ya se sabe, están más bien desprestigiados. Poco o nada importa el que una candidatura sea mejor o peor o el que, en aplicación de la lógica más elemental, cualquier ciudad deba tener la posibilidad de optar a la candidatura si demuestra que está en mejores condiciones de preparar los juegos, sin deberle nada a nadie, y mucho menos un “respeto” así definido. Y desde luego, menos aún importa eso que llaman deportividad y que tanto valoramos en otros, pero que por lo visto no nos vemos obligados a encontrar en nosotros mismos. Que tengan buen perder los demás.

Es anecdótico, claro, pero a veces lo anecdótico resulta muy sintomático. No tiene importancia, probablemente, pero no deja de situarnos ante el espejo de nuestras tendencias más cainitas y del ombliguismo estructural de una ciudad incapaz de ver más allá de la Giralda. Una ciudad tan pueblo que sigue viviendo, a estas alturas, a la sombra del campanario.


Deportividad, madurez y buen gusto a partes iguales, ‘miarma’.
(La imagen, obtenida en inicios.es)

60.000 almas

¿Quién fue el [desalmado] que dijo que en Sevilla no hay sociedad civil?

No es eso, no es eso

[ . . . ]

Fin de año (memético)

En estos momentos en los que nadie andará perdiendo el tiempo en leer y actualizar blogs (menos yo, por lo visto) porque todos preferimos perder el tiempo decidiendo qué nos vamos a poner esta noche, aprovecho para ofrecerles una entrada intrascendente en la que abandono mi habitual intelectualoidismo de sobremesa para lamentarme de mi actual estado médico (estoy coja), proponerme escribir más el año que viene (juas juas), gritarle al mundo la buena nueva de que soy becaria (!!!) o –más bonito– “investigadora en formación” (juju), desearles a todos un feliz año (o al menos una buena fiesta para empezarlo) y, pecado de pecados, dedicarme a contestar un meme de estos que me llegó hace un tiempo.

Ustedes me perdonarán. Que tengan un bonito 2009.

(Qué efecto más raro tienen en mí estas fechas…)

¿Qué te motivó a escribir un blog?
Demasiado tiempo libre, ciertas ganas de decir algunas cosas en un tono más sosegado del que me sale en mitad de una discusión airada, una ligera sensación de que tenía que ejercitar las neuronas de alguna forma y –cómo negarlo– ese argentinito que todos llevamos dentro (Berlin dixit) y al que vulgarmente se conoce como ego. Mezclar y agitar.

¿Consideras que escribes bien?
Considero que escribo correctamente, es decir, que controlo razonablemente bien la gramática y la estructura de un texto, y que generalmente soy capaz de una cierta claridad expositiva. Otra cosa (para darse cabezazos contra la pared) son las veleidades literarias, pero precisamente por eso las dejé atrás junto con la adolescencia. Una frustración como cualquier otra, supongo. Eso de crecer seguramente tiene que ver con ir asumiendo las propias limitaciones.

¿Cuál sería un adjetivo (o varios) para describirlo?
Últimamente, abandonado. En términos generales, irregular, directo, a veces polémico, quizás demasiado tajante. Irónico (no sé si demasiado). Pedante a ratos, probablemente. Tal vez frío, impersonal y distante. Habitualmente sosegado, hasta que algo me toca demasiado las narices y pierdo los estribos. [Vamos, que eso de ser el espejo del alma ya no es prerrogativa exclusiva de los ojos.]
Pero en última instancia, me quedo con el que ha seleccionado My blue eye para el suyo: diletante.

¿Has pensado a veces que se ha vuelto una obligación? ¿Cuándo?:
Nah: cuando no me apetece, no escribo. Lo que sí me ocurre con cierta frecuencia es tener ganas de publicar algo y sentir que se me ha secado el cerebro y no tengo nada que decir.

Seguro que hay blogs que no te gustan. ¿Cuáles? ¿Te atreves a mencionar uno en concreto y decir por qué?
La mayoría de los blogs no me gustan, porque lo bueno escasea en Internet tanto como en eso que llamamos “la vida real”. En lo que se refiere a la blogosfera (palabro) política, me aterrorizan los extremistas y sectarios de cualquier color. En otras categorías, no hay nada peor que un egoblog de alguien que no sabe escribir y/o transmitir, pero el egoblog bien hecho es un producto tan raro como apreciable.
Lo de mencionar uno en concreto sería una injusticia para con el resto de la extensa lista, así que mejor seamos equitativos 😛

¿Comentas a veces por obligación?
No.

¿Temes que un día tu blog deje de atraer a la gente y dejen de comentarte?
No duermo por las noches.

¿Cuál es tu post preferido de este año?
Uf. Mi memoria no da para tanto, pero por mencionar uno: Joaquín Leguina publicó hace relativamente poco uno con el título de Muertos y sepultura que me encantó.

¿Cuál es tu blogger preferido? No valen preferencias afectivas.
Hay muchos, pero sirva esto de homenaje a una torre caída: Noches confusas seguirá siendo un referente: divertido, lúcido, a veces críptico, generalmente provocador en la medida justa. (Y ahora, además, parece ser que muerto, y ya se sabe que no hay nada como morirse para que hablen bien de uno. No se lo crea demasiado, Sr. Smith.)

¿Qué crees no serías capaz de escribir?
Eh… No sé. ¿Crónicas futbolísticas? Pero nunca digas de este agua no beberé.

¿Piensas que un blog es una especie de terapia?
Imagino que sí. Contraproducente, a veces, pero sí. Lo malo es que se note demasiado.

Una pregunta que te gustaría que contestasen tus lectores:
¿Se nota demasiado? 😛


La abajo firmante

CONTRATO ÚNICO INDEFINIDO

UN CONTRATO PARA EMPLEARLOS A TODOS. Firma por el contrato único contra la dualidad y la precariedad en el mercado de trabajo.


A diferencia de la memoria, que se confirma y refuerza a sí misma,
la Historia incita al desencanto
con el mundo.
(Tony Judt)


Quien dice Historia dice sacrilegio.
(Tzvetan Todorov)


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La imagen de cabecera, Old Machinery, es de DHester y se distribuye bajo licencia Creative Commons.

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