Posts Tagged 'Relaciones Internacionales'

The Economist y los titulares domésticos

Escribir titulares es también un arte, hecho que sale a relucir por estos lares con mayor frecuencia de la que sería deseable. Y lo es, sobre todo, habida cuenta de la tradicional e ibérica maldición sobre los idiomas y de la no menos tradicional e ibérica costumbre de comprar el periódico porque regalan el último deuvedé de algún director de esos que considera que enseñar una teta en el momento oportuno, en el no oportuno o, sencillamente, en todo momento, suple la falta de argumento y de oficio al tiempo que justifica las subvenciones. Sin tetas no hay paraíso, como ya sabemos.

But I digress. El caso es que sale uno en una mañana de viernes a hacerse con la película, perdón, con el periódico, y de paso con los sudokus o los cursos de inglés de regalo o la colección de recetas para hacer en cinco minutos, sin esfuerzo alguno, con ingredientes de andar por casa y por un módico precio una milhojas de pétalos de rosa con reducción de membrillo aromatizado con jengibre, sobre un lecho de verduras frescas salteadas, rociadas con una reducción de Pedro Ximénez y adornadas con bolitas de caviar. Algo así. Recetas para la clase obrera de chaqueta de pana, en definitiva, que uno sabe bien que el periódico que compra es de los suyos. Casi de la casa.

En fin, que embutido en el chándal y con el periódico felizmente comprado (ser uno de los 2.598.800 da al menos para eso, que ya es algo) se planta uno en casa y se pone a hojear aquel engendro, fundamentalmente en busca de los pasatiempos. Y como quien no quiere la cosa, en una de esas vueltas de hoja, sus ojos pasan por encima de un titular que asegura:

‘The Economist’ defiende que España esté en la cita del G-20

“¡Ajá!”, se dice uno, a quien eso de que las dos primeras palabras estén en inglés le parece así como muy prestigioso, muy oportuno, muy a tono con la nueva y recién hallada vocación internacional de España. “Las publicaciones del mundo entero saliendo a defendernos. Si es que el presi tenía razón.” Un vistazo a la primera frase de la noticia basta para confirmarlo:

“España tiene algo que decir en cualquier debate sobre las finanzas mundiales”, afirma el semanario británico The Economist…

Se sonríe uno, congratulándose por tan acertada elección de presidente como la que hizo este nuestro país hace unos meses, adelantándose a la revolución de Obama. “Ay”, se dice con cierta mirada condescendiente pero –ahora sí– empática, “si es que estos yanquis, los pobres, ha tardado en tomar ejemplo”. Seguro que lo próximo que haga Obama será proponer que todas las civilizaciones del mundo queden citadas dentro de unas semanas en algún lugar previamente designado para empezar a preparar un musical multirracial, multiétnico, multigenérico, multicorrecto y multicolor. Estreno previsto el 20 de enero, en el día anunciado del advenimiento cuya buena nueva nos fue dada a conocer por las revelaciones de Pepiño Blanco.

Vuelvo a irme por las ramas, ay de mí, qué dispersión, pero es que son tantas las buenas noticias y es tanta la esperanza… El caso es que si uno, en una rareza estadística, va más allá de esa primera frase y continúa leyendo, puede que se le ensombrezca algo el entrecejo, porque entonces resulta que descubre que esos ingleses –la perfidia de Albión, ya se sabe– andan por ahí diciendo que nuestro presi ha mostrado “escaso interés en el mundo más allá de España”. Y no sólo eso:

Pero [el semanario] no ahorra críticas: “La historia quizás juzgará que Zapatero tenía razón al oponerse a la guerra de Irak. Pero [su política exterior] se ha parecido más a los lamentos de una ONG que a la búsqueda del interés nacional de un país que quiere ser tratado como líder mundial”.

Claro que para eso hay que llegar a la última línea de la noticia, que ya es mucho suponer, porque la carrera hacia el sudoku y la programación de la tele para esta tarde suele ser vertiginosa, y los titulares desfilan a gran velocidad ante los ojos del ávido lector (sí, bueno: lee titulares, ¿no?) y, en fin, que no da tiempo, no hay tiempo para todo, cuán corta es la vida. En realidad, aun en el improbable caso de que uno se lea la noticia, la conclusión final es clara: a ella apunta el titular, cuya función es precisamente la de resaltar el centro de la noticia: ‘The Economist’ nos apoya, y aunque pueda deslizar alguna pequeña reprobación para que no los tachen de acríticos, el entusiasmo es evidente. Al fin y al cabo, han dedicado un editorial entero a defender que España, y con ella su presi, tienen que estar.

Y ¡ay, queridos amigos!, en la versión digital de la noticia ni un mal enlace a este editorial que tan encarnizadamente nos defiende. Y eso de ponerse a buscar, y encima en inglés… En fin, que no. Y menos mal, porque podría uno llevarse un serio disgusto. Y aun varios:

There are in fact few things in life so wounding to self-esteem as to be excluded from a gathering where you think you rightly belong. In an attempt to avoid such a fate, José Luis Rodríguez Zapatero, Spain’s prime minister, has cast dignity aside and importuned all and sundry with a request to be invited to a conference on November 15th to discuss reforms to the international financial system.

[…] But if Spain is too easily overlooked, it is partly Mr Zapatero’s fault. He is one of Europe’s few successful politicians of the left. Underestimated by his opponents at home, he was re-elected to a second term earlier this year. But he has shown little interest in the world beyond Spain. In this parochialism he faithfully represents a country where decentralisation has brought benefits but narrowed political horizons. That does not reduce its potential cost.

El remate es sin duda lo más disgustoso entre tanto disgusto. Tanta difamación escuece, y aquí mejor prescindir de las negritas porque habría que aplicarlas por doquier:

In contrasting ways both of his predecessors, Felipe González and José María Aznar, carved out a role for Spain as an important actor in Europe and as a bridge to the Americas. History may judge that Mr Zapatero was right to oppose the war in Iraq. But under him and his foreign minister, Miguel Angel Moratinos, Spain’s foreign policy has resembled the pleadings of an NGO rather than the cool-headed pursuit of national interest by a country which wants to be treated as a world leader. In his first term, Mr Zapatero’s main initiative was a worthy but nebulous “Alliance of Civilisations”. In his second term he has set as a goal the worldwide abolition of the death penalty.

Mr Zapatero has proved himself a skilled political tactician. But he has shown no willingness to lead his Socialist Party out of its politically correct comfort zone. If Spain’s remarkable success is not now to be followed by stagnation and limited international relevance, he will have to do so.

Y de todo esto, lo que queda en casa es que hay por ahí entre los forasteros un semanario que proclama que España ha de estar. Como diría Forges (según me recordaba alguien hace poco), y nunca mejor dicho: País.

Anuncios

Política exterior, economía y Realpolitik. Franco y los aliados

Hoy toca un poquito de Historia…

Nos guste más o menos, es obvia la estrecha relación existente entre economía y relaciones internacionales. Aun huyendo de reduccionismos marxistas que atribuyan todo el devenir histórico a las estructuras económicas, no hay duda de que estas juegan un papel fundamental en la política exterior de los Estados y, en un sentido más amplio, en la actividad política en general. Gabriel Tortella sostiene que la economía no es ningún deus ex machina, y trabaja con la tesis de que la esfera política tiene su propia dinámica, que en el corto plazo resulta decisiva, mientras que los cambios políticos profundos vienen determinados por la evolución económica. Se suscriba o no esta teoría, interesa resaltar que en cualquier caso la relación entre ambos campos es innegable. Por otra parte, esto no deja de ser evidente habida cuenta de que la división no obedece más que a consideraciones de carácter pragmático y convencional, destinadas a facilitar el estudio de la realidad acotando sus límites. Pero la realidad es una y caprichosa, y no se presta fácilmente a divisiones.
Estas observaciones generales resultan esclarecedoras si se aplican a lo que Tusell consideró la cuestión verdaderamente más importante desde el punto de vista historiográfico respecto del Franquismo, es decir, los factores que posibilitan explicar que el régimen se sostuviese durante cuarenta años. En este sentido, el contexto internacional y la economía, inextricablemente ligados como están, son claves necesarias para la comprensión del fenómeno. Más allá de los méritos o deméritos que quepa atribuir a los diplomáticos franquistas y al resto de hombres del régimen, de la inteligencia o justicia con la que se comportase –o no– este en lo relativo a la represión y el mantenimiento del orden público, de la valoración que merezcan sus relaciones con la Iglesia o la política educativa puesta en marcha por el poder; más allá de toda la serie de factores que, concatenados y entrelazados, definen y explican la evolución histórica de cualquier sistema político, lo cierto es que un factor ajeno al control del régimen, como era la situación internacional que comenzó a perfilarse a partir de la Segunda Guerra Mundial, habría de resultar decisivo a la hora de perpetuar en el poder a Franco. A su vez, la evolución económica de la España franquista, favorecida por las condiciones internacionales de la Guerra Fría, afianzó el apoyo sociológico al régimen, contribuyendo también a su perduración.

El esquema sintético de lo ocurrido en la inmediata posguerra mundial sostiene que, tras la rendición de las potencias del Eje, el régimen franquista aparecía como el último reducto del fascismo recién derrotado, lo cual propició una política de aislamiento internacional del régimen. Esta afirmación genérica es válida, pero es también incompleta y matizable. Es cierto que en estos años de reorganización del orden mundial se puso en marcha con respecto a España una política combinada de gestos diplomáticos y medidas reales de presión; otra cosa bien distinta es calibrar la intensidad y duración reales de esta política.
En la Conferencia de San Francisco de junio de 1945, en la que se aprobó la Carta de las Naciones Unidas, la delegación mexicana presentó una moción que en definitiva iba encaminada al aislamiento internacional de la España franquista. Esta moción era en buena medida resultado de las gestiones realizadas por la Junta Española de Liberación, máxima representación del gobierno republicano en el exilio en México, ante el Ministro de Relaciones Exteriores de este país. Los republicanos consiguieron que el delegado mexicano en San Francisco, Luis Quintanilla, presentase la moción que lleva su nombre, cuyo contenido estipulaba la imposibilidad de que formasen parte de la Organización de las Naciones Unidas países con regímenes que hubiesen sido establecidos con ayuda de las naciones del Eje. La moción Quintanilla, aprobada por aclamación, iniciaba una ofensiva contra el régimen que se vería ratificada en Potsdam cuando Stalin, Truman y Attlee declarasen en su comunicado final que el gobierno español,

establecido con ayuda de las potencias del Eje, no posee, en razón de sus orígenes, de su carácter y de su estrecha relación con los países agresores, las cualidades necesarias para justificar su admisión en las Naciones Unidas.

Daba así comienzo lo que dio en conocerse como la “cuestión española”, que en años sucesivos habría de convertirse en asunto frecuente de discusión en el seno de las Naciones Unidas. En febrero de 1946, la Asamblea General aprobaba en Londres, a propuesta de Panamá, su Resolución 32 (I), que condenaba expresamente el régimen franquista por no representar al pueblo español y solicitaba a los países miembros que en sus relaciones con Madrid se atuviesen al espíritu de la Carta de la ONU. En abril, Francia cerraba su frontera con España tras la ejecución por parte del régimen franquista de un grupo de guerrilleros. Unos días más tarde, el país galo hacía una declaración conjunta con estadounidenses e ingleses, según la cual España no podría esperar relaciones cordiales con los antiguos aliados contra el fascismo mientras perviviese el régimen de Franco.
Por añadidura, ese mismo año se crearía en el Consejo de Seguridad un subcomité específico para examinar si España constituía una amenaza para la paz y la seguridad mundiales. Fueron Francia, la URSS, Polonia y Australia los principales países instigadores de esta medida. Los Estados Unidos enviaron al subcomité un memorándum en el que se afirmaba que la economía española se encontraba demasiado debilitada como para suponer una amenaza; así, el subcomité no decidió finalmente que el régimen fuese un peligro internacional, aunque sí instó en su dictamen final a la ruptura de relaciones diplomáticas con España. La Resolución 39 (I) de la Asamblea General, aprobada el 12 de diciembre de 1946 con 34 votos a favor, 6 en contra y 13 abstenciones, declaraba que la ONU estaba

convencida de que el gobierno fascista de Franco en España, que fue impuesto por la fuerza al pueblo español, con la ayuda de las potencias del Eje, y que prestó considerable apoyo material a esas potencias durante la contienda, no representa al pueblo español y que su continuado dominio de España hace imposible que ese pueblo participe con los de las Naciones Unidas en los asuntos internacionales.

En consecuencia, recomendaba

prohibir al gobierno de Franco pertenecer a los organismos internacionales creados por las Naciones Unidas o relacionados con ellos [y] que todos los Estados Miembros retiren inmediatamente sus embajadores y ministros plenipotenciarios acreditados en Madrid.

El año 1946 se cerraba así con una dura condena internacional al régimen y con las medidas de repudio diplomático descritas. Pero la cosa no quedaría en una mera exhibición de gestos: mucho más importante a efectos reales resultó la exclusión de España del Plan Marshall. De hecho, la recomendación de la Resolución 39 (I) tendría entre sus consecuencias la de retardar cualquier posibilidad de ayuda económica procedente de Washington, lo cual contribuiría al deterioro de una economía que desde el final de la Guerra Civil encontraba enormes dificultades para sostenerse. En efecto, el gobierno americano había detenido toda forma de ayuda exterior al régimen, negándose a conceder créditos oficiales y prohibiendo que se vendiesen a compradores españoles excedentes de propiedad pública, al tiempo que los entes gubernamentales estadounidenses reducían al mínimo la adquisición de productos españoles. Ello había provocado la retracción del crédito privado y de las exportaciones a España, hechos que vinieron a sumarse al impacto de una cosecha catastrófica y a la circunstancia de que el país había agotado prácticamente las existencias de carburantes líquidos, agravándose el problema por unos retrasos en el suministro de fueloil y gasoil americanos. Así, la situación económica española era francamente crítica en los momentos en que se ofreció a Europa el Plan Marshall.
No es de extrañar que el régimen viese en el Plan de Recuperación Europea la posibilidad de reincorporarse al mundo exterior y la de salir del atolladero económico en que se hallaba. En efecto, desde Madrid se veía en el Plan la posibilidad de España de participar en la reconstrucción europea y por tanto en la distribución de materias y productos intercambiables. Se podría así reactivar el comercio con la parte de Alemania ocupada por los aliados occidentales; acceder a créditos en dólares en una época en que estos eran un bien escaso; adquirir los productos alimentarios de los que tan necesitado estaba el país; importar bienes de equipo; y facilitar en definitiva la recuperación económica y las relaciones comerciales con otros países europeos. Al mismo tiempo, la inclusión en el Plan Marshall minaría las bases del aislamiento diplomático y la actividad de los adversarios del régimen en el seno de la ONU y supondría, es evidente, una clara mejora en las relaciones con los Estados Unidos.
No habría de ser así. Al cabo de un complejo proceso en el que los diplomáticos españoles intentaron gestionar por vías indirectas la inclusión del país en el Plan, las esperanzas del régimen se vieron defraudas al mostrarse los Estados Unidos dispuestos a ello sólo en caso de no tropezar con oposición entre el resto de los países europeos receptores de ayuda. A pesar del exitoso acercamiento de la diplomacia española a países como la Portugal de Salazar, lo cierto es que la mayoría de los futuros beneficiarios del Plan Marshall, y muy significativamente Inglaterra y Francia, no se mostraron dispuestos a colaborar. Así pues, España quedaría definitivamente excluida del maná que habría supuesto la ayuda americana.
Franceses e ingleses mostraron su oposición a la inclusión del país en el Plan de Recuperación, pero lo cierto es que ambos reanudarían ese mismo año sus relaciones comerciales con la España de Franco: en febrero, Francia reabría la frontera con España. Unos meses más tardes, sendos acuerdos comerciales con galos y británicos rompían el cerco exterior: este, en sus manifestaciones más extremas, había durado poco más de año y medio.
En realidad, ni siquiera durante ese tiempo había sido total: en efecto, las amistosas relaciones con la Argentina de Juan Domingo Perón habían deparado al régimen una importantísima ayuda económica ya en 1946. El 30 de octubre de aquel año, España y Argentina firmaban un Convenio Comercial y de Pagos, en virtud del cual España recibía un crédito de 350 millones de pesos destinado a comprar a Argentina 400.000 toneladas de trigo, 120.000 de maíz y otros alimentos y materias primas. Además, Argentina adquiriría corcho, plomo, aceite y manufacturas a precios muy beneficiosos para España.
En lo que respecta a la actitud de ingleses y franceses, la ruptura del cerco comercial por parte de ambos evidenciaba que se habían impuesto en ambos países consideraciones de interés nacional por encima de la repugnancia ideológica que pudieran sentir hacia el régimen franquista. En efecto, tras la Resolución 39 (I) los británicos hicieron todo lo posible por evitar la imposición de sanciones económicas a España, conscientes como eran de que un bloqueo podría comprometer gravemente su propia recuperación. Para el Reino Unido eran esenciales diversas exportaciones de frutas españolas, así como el abastecimiento de potasio y muy especialmente de piritas, ingredientes necesarios para el programa de fertilizantes que el gobierno británico se proponía poner en marcha. Y sobre todo, los británicos compraban a España tres materias primas que habría sido muy difícil sustituir: mineral de hierro para la industria metalúrgica, resina sólida y corcho. A esto se sumaban las relaciones financieras entre ambos países, habida cuenta de las reservas de libras esterlinas que España acumulaba, de los créditos que el país adeudaba al mercado bancario inglés y de la necesidad de asegurar un futuro óptimo a las inversiones inglesas en España. Por otra parte, los cálculos del Economic Intelligence Department parecían augurar que el régimen podría ser capaz de aguantar aun a pesar de producirse un bloqueo que en tal caso resultaría fútil, máxime teniendo en cuenta la ayuda argentina. Estos planteamientos explican la firma de un acuerdo monetario para regular el comercio entre ambos países.
También los franceses tenían fuertes intereses en España, donde las inversiones galas representaban en 1946 la mitad de la inversión extranjera. Además, el cierre de la frontera estaba suponiendo importantes pérdidas en la balanza comercial francesa, que llegaban a la cuantía de 300 millones de pesetas; por añadidura, había impuesto la necesidad de prescindir de determinados alimentos y bebidas tradicionalmente importados de España y la pérdida de un comprador importante de los fosfatos y minerales procedentes del Magreb. Aún más importante era la necesidad de colocar en el mercado español su producción industrial. La conveniencia de reabrir la frontera y de suscribir un acuerdo comercial, tal como se hizo en 1947, era evidente.
El aislamiento internacional, por tanto, no fue nunca completo, y ya en 1947 su existencia resultaba bastante dudosa. Sin embargo, a estas alturas los principales países europeos –a pesar de los acuerdos económicos– aún se mostraban lo suficientemente reacios a mantener relaciones normales con España como para impedir, como de hecho hicieron, su inclusión en el Plan Marshall. El Franquismo se vería por tanto obligado a resistir un poco más. Pero las tornas estaban a punto de cambiar.
En ese cambio de tornas entran la guerra de Corea y las consideraciones estratégicas para un plan de defensa occidental en los momentos más calientes de la Guerra Fría, y los consiguientes pactos de Madrid para la instalación de bases militares estadounidenses en España. Y una ayuda económica que sentó las bases para la puesta en marcha del Plan de Estabilización y para el desarrollismo de los sesenta. Y una España que, viendo mejoradas sus condiciones materiales de vida, no se puede decir exactamente –por más que algunos se empeñen ahora en contarnos lo antifranquista que era este país– que se desviviese por aquello tan abstracto y lejano de la libertad.
Las verdades sobre el ser humano son a veces bastante feas. Pero ahí están.

[Para saber más cabe recomendar, entre otros muchos, a Ángel Viñas y Florentino Portero.]


La abajo firmante

CONTRATO ÚNICO INDEFINIDO

UN CONTRATO PARA EMPLEARLOS A TODOS. Firma por el contrato único contra la dualidad y la precariedad en el mercado de trabajo.


A diferencia de la memoria, que se confirma y refuerza a sí misma,
la Historia incita al desencanto
con el mundo.
(Tony Judt)


Quien dice Historia dice sacrilegio.
(Tzvetan Todorov)


Únete a otros 11 seguidores




La imagen de cabecera, Old Machinery, es de DHester y se distribuye bajo licencia Creative Commons.

A %d blogueros les gusta esto: