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Ceresole, la posdemocracia y Hugo Chávez

Una nota distintiva de la retórica y de la práctica política de Hugo Chávez es su insistencia en la integración de las fuerzas armadas en la vida de la sociedad civil. Según algunos de sus defensores, el rechazo que esta idea produce casi instintivamente en sectores europeos se debe a una cultura política diferente a la latinoamericana, en la que ciertamente el papel de los militares en la política no tiene necesariamente las connotaciones negativas que ha adquirido en Europa. Según Chávez, la participación de los militares en la vida civil es algo necesario, “pero no como gorilas, no como Hitler o Mussolini, no, nada de eso. La idea es devolver a los militares a su función social básica, de forma que como ciudadanos y como institución se puedan incorporar a los proyectos de desarrollo democrático del país.”
Ligada a los temores que puede despertar esta tendencia está la asociación de Chávez con Norberto Ceresole, un sociólogo argentino que había sido expulsado de Venezuela en 1995, durante el gobierno de Rafael Caldera, acusado de asesorar a Hugo Chávez. En 1999, sería el propio Chávez quien invitara a su asesor, convertido para entonces en un elemento incómodo, a salir del país. Norberto Ceresole es un personaje controvertido; en los años sesenta estuvo ligado a la fracción de la “izquierda libertaria” del grupo Praxis en Argentina, siendo poco después asesor del presidente peruano Juan Velasco Alvarado. Tras unos años de exilio europeo, a su regreso a América, parece ser que se habría vinculado a grupos de la derecha militar. También vivió y trabajó en la Unión Soviética, y se le ha relacionado tanto con las dictaduras militares de su país como con determinados gobiernos árabes.
Ceresole y Chávez se conocieron en 1994 y emprendieron juntos una gira por el interior del país. Por aquel entonces, Chávez viajaba por Venezuela haciendo campaña por la abstención en una vieja camioneta destartalada, y Ceresole tuvo ocasión de comprobar la fuerza de Chávez para arrastrar a los sectores populares. La importancia de la figura de Ceresole, y de su relación con Chávez fraguada durante estos años, estriba en que de aquí arranca la suposición de algunos de que el sociólogo le habría inculcado al ahora presidente una teoría sustentada en la unión del Ejército y del pueblo en un movimiento cívico-militar. Se trata del modelo de la “posdemocracia”, que en esencia justifica la necesaria concentración del poder en un solo jerarca. Después del triunfo electoral de 1998, Ceresole expresaría esta tesis:

“La orden que emite el pueblo de Venezuela el 6 de diciembre de 1998 es clara y terminante. Una persona física, y no una idea abstracta o un ‘partido’ genérico, fue ‘delegada’ -–por ese pueblo– para ejercer el poder. […] Hay entonces una orden social mayoritaria que transforma a un antiguo líder militar en un caudillo nacional. La transformación de aquel líder en este caudillo hubiese sido imposible de no haber mediado: 1) el golpe de Estado anterior no consumado y, 2) de no haberse producido la decisión democrática del pueblo de Venezuela del 6 de diciembre de 1998. Es una decisión democrática pocas veces vista en la historia moderna lo que transforma a un líder ‘golpista’ en un jefe nacional. Hubo decisión democrática (6 de diciembre de 1998) porque antes hubo una militarización de la política (27 de febrero de 1989 y su contraparte inexorable, el 4 de febrero de 1992). Esas tres fechas están íntima e indisolublemente unidas. El anterior golpismo —-la necesaria militarización de la política-— fue la condición sine qua non de la existencia de un Modelo Venezolano posdemocrático. De allí que no deba sorprender a nadie la aparición —-en el futuro inmediato-— de un ‘partido’ cívico-militar, como conductor secundario —-detrás del caudillo nacional-— del proceso revolucionario venezolano.”

Ceresole acabó alejado del país, tras haber sido acusado de neofascista, antisemita y loco. El propio autor se definía como revisionista:

“Entre todos los sentidos que se le ha dado a la palabra ‘revisionista’, se trata de señalar principalmente el que distingue a los historiadores y científicos sociales que consideran comprobado el hecho de que no hubo —-en ningún caso-— (en los campos de concentración alemanes de la época del Tercer Reich, incluido el territorio no alemán administrado militarmente por Alemania) uso de gases homicidas que supuestamente se operaban en recintos llamados ‘Cámaras’. […] [N]o existe cifra definitivamente establecida […], pero […] la de seis millones de personas es absolutamente desmesurada […]
[D]urante unos cinco años habrían sido asesinados en Auschwitz (y no necesariamente por las autoridades alemanas del campo, sino por las ‘mafias’ que lo gobernaban en el interior), no cuatro millones de personas (en su mayoría judías, según el mito), sino algo menos de 40.000, entre judíos y no judíos. Sin duda alguna un horror. Pero recordemos que durante la misma guerra, y solamente en Hamburgo, en una sola noche de bombardeo aliado, murieron asesinados 48.000 civiles alemanes, en su mayoría niños, mujeres y ancianos (para no hablar del genocidio de Dresden). […]
[N]o existe aún, ni existirá jamás ningún documento ni resto físico o químico que demuestre la existencia de las ‘fábricas de la muerte’ tal como se ven en las películas de Hollywood, imaginadas bien a partir de novelas, o bien a partir de ‘memorias’ de testigos indirectos.”

Chávez, hasta donde he podido averiguar, no parece haberse hecho eco nunca de estos planteamientos, y sería injusto y demagógico intentar imputárselos a él. Sin embargo, hay quienes observan que otras ideas de Ceresole sí parecen haber calado bien en el presidente. La propuesta “posdemocrática” del sociólogo se publicó formalmente en Madrid en 2000, y en ella se establece que el caudillo garantiza su poder a través de un partido cívico-militar, que actúa como intermediario entre la voluntad del líder y la masa. El poder debe estar concentrado, unificado y centralizado.

“[El modelo posdemocrático]
-Se diferencia del ‘modelo democrático’ (tanto liberal como neoliberal) porque dentro de la orden popular (mandato) está implícita –con claridad meridiana– la idea de que el poder debe permanecer concentrado, unificado y centralizado (el pueblo elige a una persona (que es automáticamente proyectada al plano de la metapolítica) y no a una ‘idea’ o ‘institución’). No es un modelo ‘anti-democrático’, sino ‘pos-democrático’.
-Se diferencia de todas las formas de ‘socialismo real’ conocidas durante el siglo XX, porque ni la ‘ideología’ ni el ‘partido’ juegan roles dogmáticos, ni siquiera significativos. En todos los casos conocidos los partidos comunistas llegan al poder por guerra civil interior, guerra internacional o invasión militar.
-Se diferencia de los caudillismos tradicionales o ‘conservadores’, porque el mandato u orden popular que transforma a un líder militar en un dirigente nacional con proyecciones internacionales fue expresado no sólo democráticamente, sino, además, con un sentido determinado: conservación de la cultura (independencia nacional), pero transformación de la estructura (social, económica y moral).
-Es distinto de los nacionalismos europeos de la primera posguerra, por algunos de los elementos ya señalados que lo diferencian del ‘socialismo real’: ni ‘partido’ ni ‘ideología’ cumplen funciones motoras dentro del modelo, aunque aquellos partidos nacionalistas hayan llegado al poder por decisiones originalmente democráticas (voto popular).”

El propio Chávez, a propósito de la “fusión cívico-militar”, considera que se trata de “una de las vertientes fundamentales o de las líneas fundamentales del desarrollo nacional, del desarrollo de un proyecto nacional en todos los órdenes”. De hecho, el peso de lo militar en la vida del país ha ido en aumento desde la llegada al poder de Chávez: la aplicación de planes sociales administrados y gestionados por las Fuerzas Armadas, el uso del uniforme en sus apariciones públicas, las referencias a la historia y la vida castrense, la activación de la formación premilitar obligatoria en la educación secundaria del país o la conformación de su equipo de gobierno dan fe de un proceso de militarización de los espacios tradicionalmente civiles.
En fin. Al menos es materia para la reflexión.

Fuentes:
-BARRERA TYSZKA, Alberto y MARCANO, Cristina: Hugo Chávez sin uniforme: Una historia personal. Debate, 2006. Madrid. Pp. 323-326.
-CERESOLE, Norberto: Caudillo, ejército, pueblo. El modelo venezolano o la posdemocracia (disponible online).
-CERESOLE, Norberto: Caudillo, ejército pueblo. La Venezuela del presidente Chávez (disponible online).
-GOTT, Richard: Hugo Chávez y la revolución bolivariana. Foca, 2006. Madrid. Pp. 315-317.


La abajo firmante

CONTRATO ÚNICO INDEFINIDO

UN CONTRATO PARA EMPLEARLOS A TODOS. Firma por el contrato único contra la dualidad y la precariedad en el mercado de trabajo.


A diferencia de la memoria, que se confirma y refuerza a sí misma,
la Historia incita al desencanto
con el mundo.
(Tony Judt)


Quien dice Historia dice sacrilegio.
(Tzvetan Todorov)


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