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El fascista de Aznar

Las dificultades de definición del fascismo derivan, entre otras cosas, de su propia falta de coherencia interna: el fascismo no es una ideología monolítica y comprehensiva a la manera del marxismo, ni ofrece como hace éste una interpretación completa y concordante (más con sus propios postulados que con la realidad histórica en el caso de Marx, pero ésa es otra cuestión) del mundo, de la Historia y del progreso. Tampoco tiene un programa del todo definido, o al menos resulta difícil extraer los rasgos comunes de los diversos fenómenos que han sido calificados de fascistas; aquí, por cierto, cabe un criterio restrictivo o uno más lato, pero desde luego lo que no cabe es andar calificando de fascista a toda la derecha habida y por haber. Por otra parte, estamos ante ideologías cuyo principio fundamental es la negación: el fascismo es ante todo anti. Anticapitalista, antiliberal, anticomunista. También es ante todo praxis, y está poco respaldado por un corpus teórico previo y propio (esto no quiere decir que no tuviera ideólogos, pero creo que no llegó nunca a elaboraciones con una argumentación filosófica comparable siquiera a la del marxismo –no siendo en absoluto equivalentes, por cierto, complejidad filosófica y bondad intrínseca–).
Dicho esto, es comprensible que los intentos que se han hecho de definir el fascismo correspondan más bien a “listados” de características que se le pueden atribuir. Entre los trabajos más importantes realizados en este ámbito estarían los ya clásicos de Stanley Payne, en particular su obra de 1980 Fascism: Comparison and Definition, aunque obviamente sobre este tema se ha seguido escribiendo, teorizando e interpretando, y el debate historiográfico no parece que se vaya a cerrar nunca del todo. Lo que tampoco parece, no obstante, es que las aportaciones de Payne vayan a perder su valor. Payne elabora una lista (de hecho, un cuadro) en la que establece una descripción tipológica del fascismo. Me parece que puede constituir un interesante objeto de reflexión este listado, a la vista tanto de algunas noticias recientes como –y esto es quizá más importante porque lo tenemos en casita– de ciertas acusaciones que oímos habitualmente en labios de una izquierda autoproclamada que no se sabe muy bien cuán alejada está del propio Chávez.
Tomemos a Payne y juguemos sencillamente a un divertido juego. El deporte es sano, ¿no? Pues venga: Aznar vs. Chávez. Suena el silbato:

A. Las negaciones fascistas:

– Antiliberalismo: Chávez 1 – 0 Aznar

– Anticomunismo: Chávez 1 – 1 Aznar

– Anticonservadurismo: Chávez 2 – 1 Aznar

B. Ideología y Objetivos:

– Creación de un nuevo Estado nacionalista autoritario, no basado únicamente en principios ni modelos tradicionales: Chávez 3 – 1 Aznar

Aclaro los motivos de esta puntuación: el fascista de Aznar, dejando aparte sus errores y las “actitudes” políticas de las que se puede discrepar, no subvirtió nunca el orden constitucional español, ni se colocó por encima de la lógica y la matemática parlamentaria, ni protagonizó un intento de golpe de Estado. Chávez no sé cuántas reformas constitucionales lleva ya, y su tendencia a perpetuarse en el poder es notoria. El fascista de Aznar limitó sus mandatos a ocho años. Y lo cumplió.

– Organización de algún tipo nuevo de estructura económica nacional integrada, regulada y pluriclasicista, se llamara nacionalcorporativa, nacionalsocialista o nacionalsindicalista: Chávez 4 – 1 Aznar

Ninguno de los dos encaja del todo aquí, pero creo que es obvio que la intensa regulación económica de Chávez lo hace mucho más (aunque no sea pluriclasicista) que el liberalismo económico del aznarato. Le otorgo el punto, pues.

– El objetivo del imperio o de un cambio radical en la relación de la nación con otras potencias. Chávez 5 – 2 Aznar

Las puntuaciones concedidas (un punto para cada) no se atienen del todo a mis propias opiniones al respecto, pero las dejo así en atención a quienes dicen (olvidando la política del propio Felipe González –OTAN de entrada no–) que el alineamiento con Estados Unidos y la postura proatlántica en general rompía con los tradicionales postulados de las relaciones exteriores de España. Esto es sumamente discutible, pero aceptemos barco. En cuanto a Chávez, su voluntad manifiesta de ser líder de un cambio regional y sus notorias excentricidades (por así llamarlas) en política exterior creo que le hacen acreedor sin duda de este bien merecido punto.

– Defensa específica de un credo idealista y voluntarista, que normalmente implicaba una tentativa de realizar una nueva forma de cultura secular, moderna y autodeterminada: Chávez 6 – 2 Aznar

Jugamos de nuevo al “a ver quién se parece más”. Chávez no creo que sea idealista, pero abusa constantemente de la cuestión de la cultura del subcontinente latinoamericano y de su independencia –léase autodeterminación, ¿no?– respecto a los malvados imperialistas; también habla de un “socialismo del siglo XXI” que tiene mucho de esta retórica de lo nuevo, de un cierto renacer.

C. Estilo y organización:

– Importancia de la estructura estética de los mítines, los símbolos y la coreografía política, con insistencia en los aspectos románticos o místicos: Chávez 7 – 2 Aznar

¿Les suenan esas camisetas rojas? ¿Ese tono exaltado?

– Tentativa de movilización de las masas, con militarización de las relaciones y el estilo políticos y con el objetivo de una milicia de masas del partido: Chávez 8 – 2 Aznar (creo que no harán falta explicaciones).

– Evaluación positiva y uso de la violencia, o disposición al uso de ésta: Chávez 9 – 3 Aznar

Aquí vuelvo a hacer una concesión; creo que hay cosas que son cualitativamente distintas, pero sin ánimo de entrar en largas disquisiciones al respecto concederé que ambos líderes han estado más que dispuestos al uso de la violencia. (Por otra parte, ¿qué Estado no lo está? Aquí es donde entraríamos en las diferencias cualitativas, pero eso para otro día.)

– Extrema insistencia en el principio masculino y la dominación masculina, al mismo tiempo que se defendía la visión orgánica de la sociedad: dejemos el marcador sin cambios.

Podría defenderse, puestos a defender, que ambos son machistas, o que no lo es ninguno. A falta de políticas concretas –que se me ocurran de entrada– que respalden un argumento u otro, y a pesar de que a mí me parece claramente que Chávez va de macho, los dejo a los dos sin puntos. Todo sea por la concordia.

– Exaltación de la juventud sobre las otras fases de la vida, con hincapié en el conflicto entre generaciones, por lo menos al efectuar la transformación política inicial: de nuevo sin cambios (aunque tal vez me falten datos), pero creo que el culto a la juventud es lamentablemente algo bastante extendido por todo el mundo hoy día. Como si la juventud fuera un valor en sí mismo. En esto caemos quizá todos, aunque no a la manera de los fascismos.

-Tendencia específica a un estilo de mando personal, autoritario y carismático, tanto si al principio el mando es en cierta medida electivo como si no lo es: Chávez 10 – 3 Aznar

Goleada de Chávez, pues. En fin, entenderán ustedes que no pretendo que se tome esto demasiado en serio, y que en buena medida no es más que un juego, una salida tal vez simpática y facilona. Pero creo que el listado de Payne, pese a que yo lo haya masacrado, da mucho que pensar. Creo también, y esto es clave, que Chávez no es un fascista: a estas alturas, tiene una demasiado claro que el término no debe aplicarse a la ligera, pero ése precisamente es el problema de lo que está haciendo Huguito. Que no es fascista, repito, pero que desde luego se acerca más a la definición de fascismo que nuestro denostado y doméstico Aznar. Tampoco hace falta acusar a Chávez –erróneamente– de fascista: argumentos contra él hay de sobra. Algunos dirán que también contra Aznar; yo creo que sí, que los hay. Pero también creo que no son tantos, o no tan buenos. Chávez lo está demostrando a diario, pero más que sus diatribas reitero que me preocupan los iluminados líderes de una izquierda española (pero plurinacional, ¿eh?) que según parece no ha abierto en su vida un libro de Historia. Quizá sí hayan devorado muchos de memoria histórica, claro. Pero convendrán conmigo en que eso… Eso es otra cosa.

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Ceresole, la posdemocracia y Hugo Chávez

Una nota distintiva de la retórica y de la práctica política de Hugo Chávez es su insistencia en la integración de las fuerzas armadas en la vida de la sociedad civil. Según algunos de sus defensores, el rechazo que esta idea produce casi instintivamente en sectores europeos se debe a una cultura política diferente a la latinoamericana, en la que ciertamente el papel de los militares en la política no tiene necesariamente las connotaciones negativas que ha adquirido en Europa. Según Chávez, la participación de los militares en la vida civil es algo necesario, “pero no como gorilas, no como Hitler o Mussolini, no, nada de eso. La idea es devolver a los militares a su función social básica, de forma que como ciudadanos y como institución se puedan incorporar a los proyectos de desarrollo democrático del país.”
Ligada a los temores que puede despertar esta tendencia está la asociación de Chávez con Norberto Ceresole, un sociólogo argentino que había sido expulsado de Venezuela en 1995, durante el gobierno de Rafael Caldera, acusado de asesorar a Hugo Chávez. En 1999, sería el propio Chávez quien invitara a su asesor, convertido para entonces en un elemento incómodo, a salir del país. Norberto Ceresole es un personaje controvertido; en los años sesenta estuvo ligado a la fracción de la “izquierda libertaria” del grupo Praxis en Argentina, siendo poco después asesor del presidente peruano Juan Velasco Alvarado. Tras unos años de exilio europeo, a su regreso a América, parece ser que se habría vinculado a grupos de la derecha militar. También vivió y trabajó en la Unión Soviética, y se le ha relacionado tanto con las dictaduras militares de su país como con determinados gobiernos árabes.
Ceresole y Chávez se conocieron en 1994 y emprendieron juntos una gira por el interior del país. Por aquel entonces, Chávez viajaba por Venezuela haciendo campaña por la abstención en una vieja camioneta destartalada, y Ceresole tuvo ocasión de comprobar la fuerza de Chávez para arrastrar a los sectores populares. La importancia de la figura de Ceresole, y de su relación con Chávez fraguada durante estos años, estriba en que de aquí arranca la suposición de algunos de que el sociólogo le habría inculcado al ahora presidente una teoría sustentada en la unión del Ejército y del pueblo en un movimiento cívico-militar. Se trata del modelo de la “posdemocracia”, que en esencia justifica la necesaria concentración del poder en un solo jerarca. Después del triunfo electoral de 1998, Ceresole expresaría esta tesis:

“La orden que emite el pueblo de Venezuela el 6 de diciembre de 1998 es clara y terminante. Una persona física, y no una idea abstracta o un ‘partido’ genérico, fue ‘delegada’ -–por ese pueblo– para ejercer el poder. […] Hay entonces una orden social mayoritaria que transforma a un antiguo líder militar en un caudillo nacional. La transformación de aquel líder en este caudillo hubiese sido imposible de no haber mediado: 1) el golpe de Estado anterior no consumado y, 2) de no haberse producido la decisión democrática del pueblo de Venezuela del 6 de diciembre de 1998. Es una decisión democrática pocas veces vista en la historia moderna lo que transforma a un líder ‘golpista’ en un jefe nacional. Hubo decisión democrática (6 de diciembre de 1998) porque antes hubo una militarización de la política (27 de febrero de 1989 y su contraparte inexorable, el 4 de febrero de 1992). Esas tres fechas están íntima e indisolublemente unidas. El anterior golpismo —-la necesaria militarización de la política-— fue la condición sine qua non de la existencia de un Modelo Venezolano posdemocrático. De allí que no deba sorprender a nadie la aparición —-en el futuro inmediato-— de un ‘partido’ cívico-militar, como conductor secundario —-detrás del caudillo nacional-— del proceso revolucionario venezolano.”

Ceresole acabó alejado del país, tras haber sido acusado de neofascista, antisemita y loco. El propio autor se definía como revisionista:

“Entre todos los sentidos que se le ha dado a la palabra ‘revisionista’, se trata de señalar principalmente el que distingue a los historiadores y científicos sociales que consideran comprobado el hecho de que no hubo —-en ningún caso-— (en los campos de concentración alemanes de la época del Tercer Reich, incluido el territorio no alemán administrado militarmente por Alemania) uso de gases homicidas que supuestamente se operaban en recintos llamados ‘Cámaras’. […] [N]o existe cifra definitivamente establecida […], pero […] la de seis millones de personas es absolutamente desmesurada […]
[D]urante unos cinco años habrían sido asesinados en Auschwitz (y no necesariamente por las autoridades alemanas del campo, sino por las ‘mafias’ que lo gobernaban en el interior), no cuatro millones de personas (en su mayoría judías, según el mito), sino algo menos de 40.000, entre judíos y no judíos. Sin duda alguna un horror. Pero recordemos que durante la misma guerra, y solamente en Hamburgo, en una sola noche de bombardeo aliado, murieron asesinados 48.000 civiles alemanes, en su mayoría niños, mujeres y ancianos (para no hablar del genocidio de Dresden). […]
[N]o existe aún, ni existirá jamás ningún documento ni resto físico o químico que demuestre la existencia de las ‘fábricas de la muerte’ tal como se ven en las películas de Hollywood, imaginadas bien a partir de novelas, o bien a partir de ‘memorias’ de testigos indirectos.”

Chávez, hasta donde he podido averiguar, no parece haberse hecho eco nunca de estos planteamientos, y sería injusto y demagógico intentar imputárselos a él. Sin embargo, hay quienes observan que otras ideas de Ceresole sí parecen haber calado bien en el presidente. La propuesta “posdemocrática” del sociólogo se publicó formalmente en Madrid en 2000, y en ella se establece que el caudillo garantiza su poder a través de un partido cívico-militar, que actúa como intermediario entre la voluntad del líder y la masa. El poder debe estar concentrado, unificado y centralizado.

“[El modelo posdemocrático]
-Se diferencia del ‘modelo democrático’ (tanto liberal como neoliberal) porque dentro de la orden popular (mandato) está implícita –con claridad meridiana– la idea de que el poder debe permanecer concentrado, unificado y centralizado (el pueblo elige a una persona (que es automáticamente proyectada al plano de la metapolítica) y no a una ‘idea’ o ‘institución’). No es un modelo ‘anti-democrático’, sino ‘pos-democrático’.
-Se diferencia de todas las formas de ‘socialismo real’ conocidas durante el siglo XX, porque ni la ‘ideología’ ni el ‘partido’ juegan roles dogmáticos, ni siquiera significativos. En todos los casos conocidos los partidos comunistas llegan al poder por guerra civil interior, guerra internacional o invasión militar.
-Se diferencia de los caudillismos tradicionales o ‘conservadores’, porque el mandato u orden popular que transforma a un líder militar en un dirigente nacional con proyecciones internacionales fue expresado no sólo democráticamente, sino, además, con un sentido determinado: conservación de la cultura (independencia nacional), pero transformación de la estructura (social, económica y moral).
-Es distinto de los nacionalismos europeos de la primera posguerra, por algunos de los elementos ya señalados que lo diferencian del ‘socialismo real’: ni ‘partido’ ni ‘ideología’ cumplen funciones motoras dentro del modelo, aunque aquellos partidos nacionalistas hayan llegado al poder por decisiones originalmente democráticas (voto popular).”

El propio Chávez, a propósito de la “fusión cívico-militar”, considera que se trata de “una de las vertientes fundamentales o de las líneas fundamentales del desarrollo nacional, del desarrollo de un proyecto nacional en todos los órdenes”. De hecho, el peso de lo militar en la vida del país ha ido en aumento desde la llegada al poder de Chávez: la aplicación de planes sociales administrados y gestionados por las Fuerzas Armadas, el uso del uniforme en sus apariciones públicas, las referencias a la historia y la vida castrense, la activación de la formación premilitar obligatoria en la educación secundaria del país o la conformación de su equipo de gobierno dan fe de un proceso de militarización de los espacios tradicionalmente civiles.
En fin. Al menos es materia para la reflexión.

Fuentes:
-BARRERA TYSZKA, Alberto y MARCANO, Cristina: Hugo Chávez sin uniforme: Una historia personal. Debate, 2006. Madrid. Pp. 323-326.
-CERESOLE, Norberto: Caudillo, ejército, pueblo. El modelo venezolano o la posdemocracia (disponible online).
-CERESOLE, Norberto: Caudillo, ejército pueblo. La Venezuela del presidente Chávez (disponible online).
-GOTT, Richard: Hugo Chávez y la revolución bolivariana. Foca, 2006. Madrid. Pp. 315-317.


La abajo firmante

CONTRATO ÚNICO INDEFINIDO

UN CONTRATO PARA EMPLEARLOS A TODOS. Firma por el contrato único contra la dualidad y la precariedad en el mercado de trabajo.


A diferencia de la memoria, que se confirma y refuerza a sí misma,
la Historia incita al desencanto
con el mundo.
(Tony Judt)


Quien dice Historia dice sacrilegio.
(Tzvetan Todorov)


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